No se le debe discriminar como mujer


Desde el punto de la ordenación jurídica, los límites de testosterona vienen dictaminados por la comunidad científica y son los que marcan las reglas. Estamos ante una sustancia endógena, la genera su propio organismo, nada que ver con el dopaje. ¿Hay estudios científicos suficientemente avalados que determinen a partir de qué punto la testosterona se convierte en un factor decisivo a la hora de competir? Es la clave. ¿Podría establecerse un límite de altura para jugar al baloncesto o de pulsaciones para correr en bicicleta? Resulta complejo.

La norma trata de preservar la salud del deportista y de velar por que la competición se celebre en igualdad de oportunidades. ¿Tiene las mismas oportunidades un atleta africano que se entrena sin medios en su país que uno norteamericano que lo hace con todos los avances tecnológicos a su alcance? El principio de igualdad realmente lo es desde el punto de vista reglamentario.

Modificar la norma sin un debate previo extenso y sin el consenso de la comunidad científica, sería vulnerar los derechos de la deportista, tal y como ya ha avalado la ONU. Espero que el TAS tenga presente que, con el principio de igualdad que recoge la propia norma, las personas son distintas unas de otras. Que puede vulnerar derechos, a la vez que cometer un caso evidente de discriminación de género. Los juristas van a defender un proceso garantista. En el caso de Semenya, además, se ha quebrantado su derecho a la intimidad.

Eduardo Blanco es Doctor en Derecho Deportivo

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