El cumpleaños de Trapattoni


Tiene Giovanni Trapattoni un aire de señor papable. Papable a la vieja usanza, cuando se mantenía la cadena italiana, antes del viento del este de Juan Pablo II y de los vientos del oeste de Benedicto XVI y Francisco. Dicen que llevaba a los banquillos un botellín de agua bendita, a la que le tenía más fe que a las bebidas isotónicas. Aunque tiene pinta de gustarle más el báculo que las sandalias del pescador. La cuestión es que Trap ha cumplido ochenta años. Un clásico que mira el tapete verde desde la distancia, aunque con la nostalgia del viejo apostador que ha participado en grandes timbas. Ocupó el banquillo de grandes equipos, de los que suelen tener en la cartera dinero y obligaciones. Milan, Juventus, Inter, Bayern... Conquistó las Ligas en cuatro países diferentes por los que fue destrozando idiomas varios, aliñándolos con sus giros lombardos. Ganó la UEFA, la Recopa, la Copa de Europa, la Supercopa de Europa y la Intercontinental con la Vecchia Signora. Con sus silbidos de pastor de jugadores afinó el tímpano a más de uno. Aunque su intervención más famosa se produjo en una rueda de prensa en su etapa como técnico del Bayern. «¡Un entrenador no es idiota! Algunos futbolistas piensan más en quejarse que en jugar. Scholl, Bassler y Strunz estaban débiles, eran botellas casi vacías». La propia web del club alemán celebra el cumpleaños de Trapattoni estos días describiéndolo como «zorro táctico, caballero y furioso orador». «El nombre de Thomas Strunz estaba en todas partes, el público y los medios se burlaban de él. Esa no fue mi intención. Creo que Thomas y todos mis jugadores pueden reírse de mi escena hoy. Espero que estén bien y que no estén enfadados conmigo», dice ahora el italiano. Confiesa a Il Corriere que no se olvida de Byron Moreno. Fue el árbitro decisivo en la eliminación de Italia ante Corea del Sur en el Mundial 2012. Nunca ha disimulado que el fútbol de toque le aburre. Pero tuvo que rendirse a la evidencia. Él dirigía a aquella Irlanda que fue goleada por España en la Eurocopa del 2012. «La selección española es una orquesta», apuntó entonces. En los últimos tiempos le silba a sus nietos igual de fuerte que en sus tiempos de banquillo: «Se tapan las orejas». Y asegura que ya ha jugado los 90 minutos con fortuna. «Ahora estoy en el gol de oro».

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