Bruno Hortelano: «Mi vida es buscar mis límites»

A la contraQuiere incorporar la meditación a su rutina y «entrenar cada día como lo hace un medallista olímpico»


Todo es intenso en Bruno Hortelano (Wollongong, Australia, 1991). Supo que era campeón de Europa de 200 metros durante una entrevista en directo, al ser descalificado un rival; su carisma le convirtió en la esperanza de la velocidad española; un accidente de coche en el 2016 le destrozó la mano y puso en peligro su futuro como deportista; su regreso mejoró cualquier expectativa... Habla pausado, mira a los ojos y da a casi todas sus respuestas un toque profundo. «He hecho yoga, pero no lo tengo en mi rutina habitual. Sí que me gustaría empezar a hacer meditación. Estoy llevando el cuerpo al límite y hago lo que tengo que hacer, pero no es yoga», comentaba hace unas semanas, después de enamorarse del Camino de Santiago.

-Este 2019 va a ir muy lento hasta el Mundial de Doha a finales de septiembre.

-En abril haré trabajo más específico para competir a partir de mayo, junio... Con el Mundial tan tarde no quiero competir demasiado temprano. Seguramente haga dos picos de forma, con un plan un poco distinto. Hay Diamond League, pero no la tengo mucho en la cabeza, y el otro pico será en septiembre-octubre.

-¿Qué le apetece del 2019?

-Quiero sentir ganas e ilusión con el entrenamiento de todos los días, sin obsesionarme tanto por el destino final. Quiero sentir la ilusión del día a día. Es lo que me gustaría. No quiero dejar que me preocupe demasiado la meta final. Estoy trabajando ahora para Tokio y Doha está de camino a Tokio. Me prepararé para el Mundial Catar, pero más para el año olímpico, porque habrá que empalmar una temporada con la otra.

-Tokio parece lejos aún. Allí, sobre todo, se centrará en el 200.

-No está lejos. No sé qué haré. Voy a dejar que el tiempo y la progresión de esta temporada y la siguiente lo decidan. Esta temporada no sé si juntaré 100 y 200 o 200 y 400. Sí que haré el relevo en el Mundial, si me cogen para el equipo. Prepararé de alguna forma el 400, porque nos ayuda en la preparación física. Haré más cienes este año. Habrá que verlo...

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-Tokio será punto y final, pero también punto y seguido.

-No veo más allá de Tokio. No sé qué pasará, pero no me asusta.

-En Río tenía un propósito dentro, que no era un tiempo o un puesto. ¿Lo tiene también para Tokio?

-Sí, pero no es algo que encontraré en Tokio. Lo que quiero es entrenar todos los días como trabajaría un medallista olímpico. ¿Qué se requiere? Un trabajo inteligente, aplicarme al trabajo duro, ir mejorando. El día de la competición, si llego a Tokio, no puedo controlar todo lo que hacen los demás. Yo puedo hacer marca personal y correr muy bien, mejor que nunca, y quedar último, o correr bien sin más y ganar. ¿Qué es más importante? Para el país es más importante ganar; pero para mí es más importante sentir que he hecho el trabajo bien. Por eso mi objetivo es entrenar como entrenaría un medallista olímpico. Y, cuando llegue el momento, disfrutar de ese día. Sé que, si consigo disfrutar, corro más relajado, más rápido. Me pasó en Berlín y en Ámsterdam. Gané en Ámsterdam [el Europeo] con 20.45, una marca con la que habría sido último en Berlín, [en el último Europeo] donde casi igualo mi marca personal y quedé cuarto [con 20.05], ni medalla, dices ‘‘guau, menudo palo’’. Pero prefiero correr rápido a correr más lento y que me den una medalla, de verdad que lo prefiero.

-Así que este año el objetivo vuelve a ser mejorar la marca personal, ese 20.04 del 200.

-Sí, siempre lo es, porque mi vida es buscar mis límites. Pero eso sale solo si cumplo mi objetivo de entrenar bien. No puedo pensar en la nota del examen y dejar de estudiar, porque entonces voy a suspender. Si estudio, estudio y estudio, aprobaré el examen y ya está.

-¿Ha conseguido olvidar el accidente de coche y la recuperación? ¿Cómo gestiona ese recuerdo?

-Nunca lo olvidaré, pero lo tengo completamente superado fisica y emocionalmente. Hubo un cambio, también con el Camino de Santiago, también tras esta temporada pasada. Igual que de pequeño mis experiencias me fueron cambiando. Es la vida. Vas viviendo cosas, te das palos, te caes, te levantas y en ese agujero no vuelves a caer.

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