Febrero, el mes más largo del año


Tres clásicos en menos de un mes. Todos aquellos aficionados que, temporada tras temporada, desprecian la Copa del Rey, esa competición que tildan de molesta y de título menor, se enfundan ahora la bufanda para una guerra sin cuartel. Febrero puede ser el mes que decida toda la temporada. La semana que viene, Barcelona y Real Madrid se verán las caras en el Camp Nou en el primer asalto. Luego la Champions -el Lyon y el Ajax, a priori rivales asequibles- para cerrar el mes con la vuelta en el Bernabéu e inaugurar marzo, de nuevo en Chamartín, con el segundo asalto liguero. El mes más corto a uno de los dos se le va a hacer muy largo.

Ambos conjuntos, sea cual sea el resultado de la ida, llegarán a la vuelta de la Copa todavía vivos en las tres competiciones. Al término de los noventa minutos, uno de ellos ya no. Será un adiós doloroso aunque, ya lo adelantamos, el que pierda saldrá a rueda de prensa diciendo que «es una pena, pero el gran objetivo es la Champions», o que «es una pena, pero por fin podremos centrarnos en la Liga». No se crean ni una palabra.

Imposible que este partido llegue más a tiempo. La sospechosa recuperación de los de Solari se juzgará aquí. El argentino estuvo tanto tiempo tratando de ganar tiempo apelando a que lo importante era lo importante, que él mismo se ha puesto la lupa encima.

El Barcelona, en teoría, es superior, pero la posibilidad de quedar eliminados y perder en la vuelta del clásico es muy real. La onda expansiva -agravada por el 5-1 de la primera vuelta- dejaría a Valverde sepultado bajo los escombros. El clásico, por encima del espectáculo, es una máquina de devorar entrenadores. Que se lo digan a Mourinho, Martino o Lopetegui.

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