Un gallego en la cima imposible

Félix Criado intentará, junto al vizcaíno Alex Txikon, conquistar la cumbre del único ochomil que nadie ha logrado coronar en invierno, el K2

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La otra aventura de Félix Criado y Txikon en el K2 La aventura de Félix Criado en el K2

Transmite la pausa del tipo tranquilo y, sin embargo, relata las prisas de quien está a punto de meterse en un reto de altura. «Ando a mil, de un lado para el otro». La cuenta atrás para el alpinista coruñés Félix Criado está en marcha. Le espera lo que hasta ahora ha resultado imposible: conquistar la cumbre del K2, la segunda cima más alta del planeta con 8.611 metros, en pleno invierno. Nadie lo ha logrado en la estación con las condiciones más adversas. «El 2 de enero partimos hacia el Himalaya». El plural acoge al vizcaíno Alex Txikon, que parte como cabeza de cartel en este mano a mano. «Me llamó para que le ayude a conseguirlo y no tuve dudas». Junto a ellos, cinco sherpas nepalíes que ya acompañaron a Txikon en sus últimas experiencias en el Everest. «Es un reto realmente dificil pero hay que intentarlo», confiesa Criado. Y tanto. Las cuatro tentativas previas fracasaron. «Eran expediciones potentes», alega. Tres de ellas llevaron la bandera polaca. La otra, rusa. El primer intento se produjo en 1998 y el último en el inicio de este mismo año. «Denis Urubko es el que ha llegado más arriba, en el 2012, y esperamos poder superarle», explica Criado. El ruso, nacionalizado polaco, una de las leyendas de la montaña con 21 ochomiles, se quedó en los 7.650 metros.

El primer paso para Criado y Txikon será establecer el campamento base a unos 5.000 metros de altitud. «Intentaremos montarlo con iglús, en vez de tiendas, para que resista mejor». Las temperaturas, siempre bajo cero. «Usaremos velas como calefacción», indica. La llamada «corriente del chorro» eleva allí la intensidad del viento en esa época por encima de los 100 kilómetros por hora. «Necesitamos que bajen de los 80, o de los 60 incluso, para intentar coronar». La ruta hasta la cumbre es larga y requiere de varios campamentos intermedios. «Hay que ir acondicionándolos y, en cuanto haya una ventana de buen tiempo, salir pitando hacia arriba. Establecer esos campos es un trabajo muy duro. Desde la base hasta la cumbre necesitaremos instalar cuatro campos y, por tanto, tres días seguidos de condiciones favorables. Eso lo hace todavía más complicado». El último campo tienen previsto establecerlo a unos 8.000 metros. Si lo logran, se quedarán a un último asalto para coronar. «Al ascender sin oxígeno, llevaremos el cuerpo a una situación límite. Vamos a llevarlo para minimizar las consecuencias de un accidente y facilitar una evacuación».

Dudas sobre la ruta a seguir

El camino que tomar no es cuestión menor y no está definido por los escaladores. «Íbamos a ir por el espolón de los Abruzzos -al sureste-, pero el viento suele golpearle mucho». Criado no despeja el interrogante. «Puede que intentemos subir por la vertiente noreste, que está más a cubierto». Su papel de gregario quedará expuesto si llega el turno para el arreón final. Será el momento de valorar si Txikon intenta los últimos metros en solitario o Félix le acompaña hasta el último peldaño. «Lo veremos sobre la marcha. Lo importante es que llegue él y estar a su lado si surge un imprevisto. No quiero dificultar su paso, ya sus posibilidades son pocas, pero si puedo hacer cumbre con él, por supuesto que la haré. Sería magnífico». Sonríe. La sonrisa más larga de la conversación.

Un atentado y dos mochilas condicionaron las expediciones que compartieron

La relación entre Félix Criado, que fue militar, y Alex Txikon viene de lejos. «Lo conocí con 24 años y ahora tiene 36», recuerda antes de deshacerse en elogios hacia su compañero. «Él es el Messi, el que tiene que rematar la faena. Probablemente esté entre los tres mejores escaladores del planeta». No será la primera vez que compartan expedición. En el 2013, Txikon y Criado intentaron el ascenso el K2. Entonces era verano. Llegaron hasta el campo 3. «Nos coincidió con un atentado en el campo base de Nanga Parbat, allí mataron a ocho alpinistas. Dos de ellos eran compañeros, compartíamos el permiso para escalar el K2». El terrible suceso provocó que la gran mayoría de las expediciones y turistas extranjeros abandonasen Pakistán. «Estuvieron a punto de suspenderlas todas, al final nos quedamos unos cuántos intentándolo». Las condiciones meteorológicas acabaron frustrando el intento.

Criado y Txikon volvieron a ir de la mano en el 2015, esta vez al Thalay Sagar, una montaña de casi 7.000 metros en el Himalaya indio. Se quedaron a 404 metros del objetivo. «Perdimos dos mochilas imprescindibles allá arriba, en las que teníamos enseres fundamentales. Fuimos a buscarlas y perdimos dos días. Tuvimos que variar los planes porque si seguíamos ascendiendo perdíamos el avión de regreso y el cambio de billetes nos costaba más que la ida y la vuelta juntas».

Txikon, que viene de dos intentos fallidos de coronar el Everest (en el 2017 y el 2018), lograba hace ahora tres años un hito al convertirse en el primer alpinista en coronar el Nanga Parbat (8.126m.) en invierno, hasta entonces el penúltimo ochomil virgen en la estación más fría del año. Ya solo el K2 se le resiste al ser humano. Por ahora.

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