El boxeo de ocio da el golpe en Galicia

El bum del fitboxing como actividad biosaludable multiplica las licencias del pugilismo y genera franquicias especializadas en un nuevo perfil de practicante


Redacción

Es el deporte de moda, pero nadie compite. Se entrena como Tyson pero no se permite dar un solo puñetazo. El único impacto es el social, el golpe en la mesa que ha dado el fitboxing, el boxeo como actividad de ocio y de acondicionamiento físico, entre deportistas de todas las edades.

«Hace cuatro años, cuando comenzamos, visitamos muchos gimnasios tradicionales y todos nos dijeron que fracasaríamos. ‘Nunca funcionará en el centro de la ciudad, solo en barrios marginales’, decían. Se equivocaron». Son palabras de José Luis Serrano, uno de los propietarios de Fightland, la mayor franquicia de España vinculada a esta actividad y que se autorretrata como «The premium boxing club». Tiene 2.500 inscritos (el 47 % mujeres), ninguno de competición. Es más, el contacto está prohibido y no hay esparrins. Ayer abrió su cuarto establecimiento, después de los tres que tiene en Madrid y el de A Coruña.

Conoce bien este fenómeno nacido a partir del boxeo el promotor y entrenador Chano Planas, dueño de Fight Factory, una de las referencias en esta actividad en Galicia. Entrena a 352 deportistas y solo 17 compiten. «La gente desconocía los beneficios del boxeo, nunca se supo vender como deporte al margen de la competición. Y es de los más completos, sin necesidad de subirse a un ring», defiende. Este boxeo de ocio implica ejercicios de esquivar, sombras y simulaciones, comba y saco. Chano recuerda cuando fue pionero hace casi treinta años en A Coruña y los obstáculos que tuvo que superar. «Primero, la federación no te dejaba apuntarte con más de 25 años de edad. Además, la mentalidad y el perfil han cambiado. Si con 15 años solo querías probar pero no competir, te descartaban. A mí me preguntaron ‘¿quieres pelear’’ y no ‘¿quieres hacer boxeo’?», dice al explicar lo que le motivó a dar clases pagadas (los gimnasios de entonces, orientados a competición eran habitualmente gratis). «Es una actividad saludable no sujeta a formalismos, que promueve las relaciones sociales e incluso recomendable para niños (tenemos 40) porque no hay contacto sino que se potencian las habilidades. De hecho hasta hay Campeonatos de España y eso que hasta los quince años no se puede competir», describe.

Planas compara este bum con la situación del boxeo profesional en Galicia y obtiene una clara conclusión, con la perspectiva del mánager que llegó a tener 70 profesionales y dirigir el mejor club de España en el 2013 con púgiles aspirando a todo. «También hay más competición que nunca, pero otra cosa es la industria del boxeo. Y en Galicia, los estamentos y empresas implicadas en patrocinio y financiación, no acaban de apostar por ella», concluye.

Desde Vigo, Francisco Amoedo ha sido una referencia histórica en el boxeo gallego. «Los propios médicos lo recomiendan por razones cardiovasculares y los cambios de ritmo», recuerda mientras apunta: «Hay un auge entre las mujeres jóvenes y los hombres a partir de 50 años, algo que no me hubiese imaginado en mis inicios». «No podemos negar el riesgo que supone el boxeo profesional, pero esto es otra cosa. Nos recuerda que también es un deporte, al margen de la competición», zanja.

Según el Instituto Galego de Estatística, el boxeo creció del 2009 al 2017 un 1.600%. La comunidad tenía en 1985 tres clubes y 37 licencias. Ahora cuenta con 42 clubes y más de dos mil licencias (300 de competición). La Federación Gallega de Boxeo (FGB) estima que hay unos ocho mil practicantes, incluyendo los de fitboxing no federados (la FGB ha promovido licencias de competición y practicante para que la cobertura médica esté garantizada en cualquier modalidad). Su presidente, Manuel Planas, llama a la reflexión en pleno bum. «También adelgaza y desestresa. Es complejo aprenderlo para competir, pero muy simple para divertirse. Y tiene un índice de siniestralidad ridículo. En 400 peleas más el ocio hemos dado seis partes médicos leves», describe, aunque también advierte: «Con el bum ha surgido el intrusismo. Es un grave problema y un riesgo ponerse en manos de no profesionales, desde la propia elección de protecciones hasta los movimientos».

«Me encanta ver a tanta mujer, cuando se supone que es para hombres»

Miguel Castro es profesor de percusión en el Conservatorio Profesional de Música de A Coruña, tiene 47 años y apenas hace dos que practica boxeo. Nunca tuvo relación con este deporte ni tiene la menor intención de competir. Pero ya está enganchado. En verano practica surf y deportes acuáticos, pero para pasar el invierno, la recomendación pugilística llegó por parte de un compañero en el Conservatorio. «Fui a probar con preconceptos. Oyes boxeo y piensas en hacerte daño. Y yo no quería arriesgar por mi profesión. Huyo de las pesas porque me aburre y necesitaba algo más. Y el boxeo es todo lo contrario. Muy aeróbico, potencia la coordinación de extremidades superiores e inferiores y eso me viene como anillo al dedo. Además, tengo el menisco roto y no sufro ni lo más mínimo en mis articulaciones», explica. «Me lo paso muy bien en las clases, el ambiente es muy sano y encima contribuyo a la reconducción postural», concluye.

Belén L. Méndez es calígrafa y tiene 45 años. Hace un par de meses que practica fitboxing. «Me pareció que golpear un saco era una idea genial para liberar estrés y mantener en forma los brazos, muy importantes para mi trabajo. Y no me equivoqué», repasa.

«Me encanta ver a tanta mujer practicando un deporte que se supone para hombres y que nadie se lleve las manos a la cabeza. Por fin las mentalidades están cambiando.

Me sorprendió que practicar el boxeo no es solo dar puñetazos, sino que trabajas todo el cuerpo porque se alterna con ejercicios varios; es una hora de no parar de mover todo el cuerpo», analiza.

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