Primera noche con Luis Enrique

El nuevo seleccionador mostró la España que viene; una veloz y vertical que mantiene el gusto por el cuero

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En Londres, durante los últimos días del verano más benigno en décadas. En Wembley, un estadio fabuloso que perpetúa la mística de aquella catedral del fútbol del mismo nombre sobre cuyo emplazamiento se construyó. Frente a Inglaterra, una selección con el abolengo preciso y la fragilidad óptima. Para completar el debut soñado, a Luis Enrique solo le faltó un andamio y un horario más acorde a sus gafas de sol. Victorioso, además. Enarbolando el nuevo fútbol que se dispone a predicar. Un fútbol que se parece y es a la vez distinto al anterior. Se parece en la forma y es distinto en los nombres y la intención. Que donde tuvo a Iniesta y su fantasía tiene ahora a Saúl y su don. El de estar en todas partes sin molestar nunca. El que encaja en un Rayo de Jémez y en un Atleti de Simeone desde cualquier posición. El que le sobró a Hierro durante el Mundial. Ni un minuto le dio en Rusia el interino al futbolista que ayer destrozó al timorato combinado de Southgate. 23 disfrutó en la cita planetaria su mejor socio en campo inglés. Rodrigo y Saúl son la seña de una propuesta agradable al ojo del espectador e indetectable para el del rival.

Movilidad absoluta

Presión alta y constantes intercambios de posición. El básico toca y vete tiene en España al máximo exponente continental. Cualquiera toca preciso y cuando se trata de ir, no hay lugar al que no se va. Los constantes cambios de posición, a beneficio de balón o sin él, lograron alterar la multitudinaria zaga local. Aspas y Rodrigo se prestaron varias veces el rol. Ahora uno extremo derecho y el otro punta y luego al revés. Thiago acudió a mezclar en cualquier parte, como Saúl para quien no hubo césped acotado en el que no poder robar o golpear. Marcos Alonso y especialmente Carvajal hicieron autopista del carril. Solo Busquets permaneció. Nadie permanece como él.

El contorsionismo de los radios de acción se perpetuó con la pelota en pies ingleses. La presión llegó todo lo arriba que permitían las líneas de cal.

Novedades con poso

Del gol de Saúl al dominio de Marcos Alonso en el lateral. Entre la selección de Hierro y la de Luis Enrique mediaron varios nombres, además de la intención. Saúl apareció, marcó y filtró pases con mala intención. Rodrigo asistió primero y vio puerta después. Marcos Alonso debutó con España en competición oficial a escasos kilómetros del estadio en el que acostumbra a jugar. Selló el costado y enseñó el guante de su zurda. Acabó reemplazado por Íñigo Martínez para contener el previsible arreón final del adversario con un 3-5-2.

Mejoría de los veteranos

De Gea respondió; Isco se sacudió la responsabilidad. El técnico asturiano también ejerció de sanador. Rehabilitó a De Gea, autor de dos paradas de mucho mérito, sosteniéndolo bajo palos. Liberó a Isco, rebajando su responsabilidad. El del Madrid apareció para poner calma cuando el bullicio estaba de más.

Aspas titular

El gallego también reemplazó a Costa en el once. Entre las novedades, una que alteró incluso la apuesta inicial del propio Luis Enrique. Aspas, llamado de urgencia ante la baja de Diego Costa suplió también al de Lagarto en el once inicial. El gallego se entendió perfectamente con Rodrigo y firmó un trabajo impecable sin balón, abriendo en la superpoblada defensa inglesa huecos como el del primer gol.

Estrategia de doble filo

Titubeantes por alto, implacables a ras de césped. El segundo llegó en una fenomenal acción de estrategia, ejemplo de coordinación. Para sortear a las torres de Southgate, Thiago raseó el balón y Rodrigo lo cazó tras zafarse de la inocente marca de Kane. Sergio Ramos había arrastrado a su par anulando la opción del fuera de juego. Por arriba sí sufrió España, pero a qué estreno no le sale un lunar.

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