Silbatos con origen pontevedrés

Alberto Gómez y el moañés Daniel Pastoriza son los únicos árbitros de Galicia que ascienden a Segunda B y mantienen el sueño de llegar a Primera División


Daniel Pastoriza y Alberto Gómez optaron, como tantos chavales, por el fútbol. Lo que les diferenció es que en lugar de enfundarse la camiseta de un equipo, quisieron ser los que repartiesen justicia, o al menos los responsables de repartirla. Estos dos árbitros de Pontevedra y Moaña comenzaron en el fútbol de base y este año son los únicos gallegos que consiguieron el ascenso a Segunda B. Desde la Federación Galega de Fútbol aseguran que es algo «histórico», primero por que suban dos de la misma delegación, en este caso Pontevedra, y porque con este ascenso habrá tres árbitros de Galicia en la categoría, al unirse a Alejandro Muñiz, que ya ejercía.

Daniel, con 30 años, y bombero de profesión, era el último año que tenía para poder hacerlo. Llevaba poco tiempo como árbitro, concretamente desde el 2013, pero su ascenso ha sido meteórico. Su sueño es seguir escalando, aunque al igual que Alberto Gómez sabe que es muy difícil hacerse un hueco. «De Tercera a Segunda B hemos subido veinte personas, pero a Segunda, ya solo cuatro», señala Pastoriza, quien asegura que el hecho de estar cada domingo en el ojo del huracán es algo con lo que convive bien. «A mi siempre me atrajo, cuando estás en el campo cuanta más gente haya mejor, así solo se oye un barullo desde la grada», comenta este moañés, que comenzó pitando en el fútbol base. Gómez siguió el mismo camino, aunque en su caso suma ya diez años con el silbato en la mano. A sus 24 años aspira a tocar lo más alto. Ahora que se está jugando el Mundial, él no lo ve con ojos de aficionado, sino con al mirada del alumno. Rastrea cada movimiento del colegiado para aprender. «Qué si me gustaría llegar ahí, hombre, sería un sueño, pero además del trabajo hay que tener suerte», comenta. Ellos están en el camino, la profesión les gusta. Por cada partido que arbitraban en Tercera cobraban 120 euros más dietas y desplazamiento.

Todavía no saben con seguridad cuál será la remuneración de la próxima temporada, pero sí saben que en Primera División «pueden llegar a los diez mil euros mensuales arbitrando una semana sí y una no», explica Pastoriza, que por ahora puede compaginarlo con su trabajo de bombero del consorcio provincial. No hay que olvidar que los estatutos del Comité Técnico de Árbitros les prohíbe pitar partidos de equipos de su comunidad. Así que ni Daniel ni Alberto se verán en el compromiso de decidir nada en el campo del Pontevedra, Coruxo, Rápido de Bouzas, Fabril o Celta B. Lo único que tendrán que hacer es compaginar su agenda laboral con la de arbitrar. Alberto Gómez lo tiene un poco más fácil porque cuando no está en el terreno de juego prepara oposiciones a administrativo de la Xunta después de terminar el grado de Económicas. «Yo soy del equipo de los árbitros, a mi me dan igual los colores, cuando veo un partido solo pienso en que le salga bien al colegiado», reconoce Gómez.

Ambos no se pierden ni un solo partido del Mundial. En un campeonato en el que el VAR está dando protagonismo a los árbitros, coinciden en que su uso les está sorprendiendo, pero para bien. «Tenía ciertas dudas sobre su utilidad, pero veo que es decisivo en situaciones trascendentales, está ahí para los árbitros y para los clubes», puntualiza Gómez. Estos colegiados de la cantera pontevedresa todavía tienen mucho recorrido para seguir cumpliendo sueños por muy difíciles que sean. Tienen ganas y están a tiempo. En Primera División el límite de edad está en los 45 años y en Segunda, en 40. Al trabajo tienen que añadir esa pizca de suerte que determina el seguir la escalada. Por ahora son dos silbatos con denominación de origen gallega, concretamente de Pontevedra y Moaña.

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