Como si se tratara de la pequeña aldea gala de Astérix, en Estados Unidos sobrevive una gestión impermeable al neoliberalismo, la NBA, una competición reglada hasta el milímetro. Una especie de reducto colectivista que reparte los ingresos entre todos sus asociados, limita los salarios por convenio y establece un tope de gasto, con penalizaciones al que lo supera, aunque pueda permitírselo. Además, el draft concede a los peores equipos las mejores oportunidades para reforzarse. La fórmula para conseguir una competición igualada. Pero el sistema tiene unas cuantas aristas. Mark Cuban, el polémico presidente de los Dallas Mavericks, se dirigió en febrero a sus jugadores con la siguiente frase: «Perder es nuestra mejor opción». La NBA lo sancionó con 600.000 dólares, medio millón de euros, una minucia. Sin posibilidades en el play off, cuanto peor sea la clasificación más posibilidades de elegir mejores jugadores. Una fuga del sistema conocida con el nombre de tanking: perder a propósito o, eufemísticamente, no hacer todo lo que se podría hacer para ganar.
Una estrategia tan vieja como la competición, pero que perfeccionaron los Sixers de Filadelfia, incluso le pusieron nombre: the process (el proceso). Lo puso en marcha en el 2013 Sam Hinkie, entonces mánager general pero que abandonó su puesto en el 2016, aseguran que aconsejado por la NBA. Del 2013 al 2017, los Sixers firmaron de forma consecutiva 19 victorias y 64 derrotas, 18-65, 10-72 y 28-54, el peor balance en cuatro años de un equipo de la NBA, pero sacaron, entre otros, a Joel Embiid y Ben Simmons, sendas versiones del siglo XXI de Olajuwon y Magic, dos estrellas para una década. Un negocio redondo. El balance de esta temporada fue de 52-30, tercero del Este, donde acaban de destrozar a Miami en el play off (4-1) y se disponen a verse las caras con Boston.
Así se entienden las ausencias de Marc Gasol en los Grizzlies o el consejo de Cuban a sus jugadores. El peor equipo tenía un 25%
de posibilidades de conseguir al número uno del draft, una tentación muy fuerte cuando en el horizonte aparecen Luka Doncic, Deandre Ayton o Marvin Bagley. Desde el 2019, los tres peores tendrán un 14 y subirán las opciones del resto. La NBA sigue tapando las fugas.