El dopaje en el deporte popular


Las noticias de resultados adversos en controles antidopaje realizados en el deporte popular traen inevitablemente a la mente el consumo de sustancias prohibidas en el deporte motivado por el deseo de victoria en la competición. El acceso a los fármacos prohibidos se ha visto facilitado por las nuevas tecnologías, que simplifican la compra de sustancias dopantes a través de Internet en el mercado negro.

Sin embargo, el dopaje en el deporte popular debe ser analizado desde otra perspectiva y enmarcarlo dentro de una realidad más amplia que la ética de la competición o la salud individual, y esa realidad más amplia, no es otra que la salud pública.

La finalidad del consumo de estos medicamentos en el deporte popular o en el deporte de élite es la misma: incremento de la fuerza, mejorar la capacidad de recuperación u ocultar el dolor. No obstante, la motivación no tiene por qué ser la victoria. Probablemente, la motivación sea mucho más simple: el deseo de superar a un amigo por encima del resultado concreto o, simplemente, mejorar su marca o resultado individual. Y esto se entiende mejor si se coge cierta distancia respecto de los casos concretos.

Las marcas deportivas repiten constantemente un mismo mensaje: no hay límites. Un mensaje que basa el gusto por el deporte únicamente en los extremos y no en la práctica del deporte en sí mismo. Así vemos como en los últimos años proliferan pruebas deportivas extremas bajo lemas similares, en las que los participantes compiten normalmente sin realizar ningún reconocimiento médico previo o sin una preparación física previa diseñada realmente por profesionales cualificados.

Y a esto hay que añadir lo principal. Nuestra sociedad se encuentra en la continua búsqueda de esa pastilla milagrosa que solucione cualquiera de nuestros problemas cotidianos y así encontramos pastillas milagrosas para la depresión, para adelgazar, o para mejorar las relaciones sexuales. Así que, el dopaje en el deporte popular no es más que un ejemplo más de la búsqueda de esa pastilla milagrosa.

Es por ello que se trata de un problema de salud pública en el que la solución pasa por aceptar nuestros límites y simplemente aprender a disfrutar del deporte por el deporte.

Enrique Gómez Bastida fue director de la agencia española antidopaje (Aepsad)

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