No hay nada imposible para Messi

El 10 lideró con tres goles la remontada que lleva a Argentina a la cita de Rusia

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buenos aires / colpisa

Un muchacho de barrio llamado Lionel Messi, simple, silencioso, amigo de sus amigos pero hosco en el trato, cuyo lugar en el mundo es su natal Rosario y su familia lo más importante, cumplió la hazaña de llevar a Argentina al Mundial de Rusia 2018. Lo consiguió con tres goles para remontar el partido contra Ecuador (1-3) en la dura altura de Quito, cuando la albiceleste caía al abismo. Rozó lo milagroso.

«Estaba el miedo de quedar afuera. Hubiese sido una locura para Argentina, para nosotros, para todos... Teníamos que estar clasificados antes. Pero ahora hay tiempo para crecer», declaró Messi al romper un silencio de varios meses en protesta de toda la plantilla por una denuncia de consumo de marihuana publicada contra Ezequiel Lavezzi. Jorge Sampaoli también vio la victoria en clave del 10: «Todos teníamos que llevar a Messi al Mundial». «Estuvo espectacular el enano... En los partidos anteriores no teníamos esa suerte de poder meterla», añadió Di María.

En el fútbol nadie gana solo. Pero hay jugadores de otra dimensión. Un hincha brasileño en un bar de Buenos Aires lo resumió: «Es un ET; es de otro mundo». «Cambiaría mis cinco Balones de Oro por un Mundial», dijo una vez Messi. Es la deuda que tiene consigo mismo y con la gente que lo adora.

Es la espina que tiene clavada y que ahora podría quitarse en Rusia. Su cuarta oportunidad de ganar una Copa del Mundo, después de las amarguras de Alemania 2006, Sudáfrica 2010 y Brasil 2014. Solo con la conquista del título Messi se sentiría completo.

Tal vez en Quito se le vino a la mente su peor momento en la selección. Fue cuando falló un penalti en la tanda perdida contra Chile en la final de la Copa América Centenario del 2016. Aquella vez mostró con una renuncia a la selección cuánto la quería. Hay que amar mucho para tanta renuncia por sentirse incapaz de mostrar con la camiseta albiceleste su jerarquía del Barça. 

No canta el himno

«Me duele no ser campeón con Argentina y me voy sin lograrlo. Es increíble, pero no se nos da. Son cuatro finales las que me tocó perder», anunció. Cayó también contra Brasil en la Copa América del 2007, contra Alemania en el Mundial de Brasil 2014 y contra Chile en la Copa América en el 2015. ¿A alguien le quedaban dudas de que el hombre de los récords con el Barcelona no añora triunfar con la selección? ¿Lo suponen porque no canta el himno? Antes del partido contra Perú (0-0), cuando los aficionados coreaban la canción nacional «Ooo juremos con gloria morir...» lo captó la cámara de televisión y Messi no cantaba. Pero tenía una mirada temible. Parecía fulminar algo con los ojos. Su rostro tenía una mueca de furia. Preparaba la máquina de aniquilar rivales. Y así lo hizo cuando empezó el encuentro y apilaba adversarios con locura, incluso cegado por la ansiedad.

Cuando le preguntaron qué libro prefiere dijo Martín Fierro, el poema nacional. Su comida es el asado con ensalada. Y en su natal Rosario invierte dinero y es donde se casó con Antonella, la novia deseada desde la infancia. 

Es más argentino que el dulce de leche, incluso en su afán por demostrar que es el mejor. «Contra Ecuador se han visto unas estructuras mejores para rodear a Messi», evaluó el exseleccionador campeón del mundo en Argentina 78 César Luis Menotti. Y lo dijo el entrenador de Messi en su infancia en Newell's de Rosario, Enrique Domínguez: «Es el mejor de la historia y hace rato que solo compite contra sí mismo, contra sus propios récords».

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