El técnico del Barbadás creció como futbolista en la vieja Masía culé y abandonó el club tras dos graves lesiones
25 sep 2017 . Actualizado a las 10:20 h.La Masía era seña de identidad del FC Barcelona y, aunque con el tiempo dio paso a otros inmuebles y a la modernidad de la Ciudad Deportiva Joan Gamper, es uno de los emblemas del conocido como ADN Barça.
En aquel recinto histórico ingresó en 1995 un gallego, Moisés Pereiro (Ourense, 1980) que ocupó una de las plazas reservadas para 32 promesas del deporte mundial, de las que solo 24 se dedicaban al fútbol: «Era cadete de segundo año y compartí instalaciones con Iniesta, Puyol, Iván De la Peña, Valdés, Gabri, Pepe Reina o Rufete. Con algunos sigo intercambiando mensajes, pero cada uno sigue su camino y su día a día».
El centrocampista ourensano cuajó bien en ese entorno y se adaptó con facilidad a la filosofía culé, en la que «lo esencial era la persona, los estudios antes de nada, cumplir unas ciertas normas de convivencia y compañerismo, además de ser fieles a una idea balompédica que marcó Cruyff, porque todos los equipos de la cantera jugaban el 3-4-3 en aquella época y le dedicaban un buen trato al esférico».
Y en ese fútbol, Pereiro se sentía cómodo como pocos, lo que evidenció su progresión por las distintas categorías, hasta asentarse cuatro años en el filial de Segunda B, en el que llegó a ser capitán y uno de los grandes aspirantes a dar el salto a la primera plantilla, con la que debutó en partidos de Copa del Rey, Copa de Cataluña y algún amistoso más: «Al final, lo bueno del fútbol es jugar y disfrutar con el balón en los pies, de un modo creativo, aunque no son muchos los equipos que pueden hacerlo como el Barcelona».
Pero el sueño de Moisés lo truncó una lesión -o mejor dicho dos-, porque se rompió el ligamento cruzado de su rodilla derecha y, al reaparecer siete meses más tarde, volvió a sufrir el mismo percance: «Dentro de lo que cabe, lo asimilas bien, porque estás en un club grande y sabes que serás bien atendido, pero psicológicamente es difícil hacerte a la idea de que pierdes un tren tan importante».
Después de un año más en el dique seco, la salida fue la de volver a Galicia y renacer en el Racing, entre Segunda y Segunda B. Zamora, CD Ourense, Montañeros y Barbadás fueron las estaciones de una sólida carrera en la categoría de bronce y en el grupo gallego, hasta que Pereiro colgó las botas y miró hacia los banquillos: «Este deporte me gusta, llevo muchos años en él y sentí una gran satisfacción entrenando en la base del CD Ourense. Ahora quería probar más arriba, tuve la oportunidad de dedicarle un año al título UEFA Pro y me lancé, aunque el cambio es complicado. Como jugador, acaba el partido y te despreocupas y, como técnico, los problemas te los llevas a casa».
En Os Carrís se siente respaldado por la directiva y sus jugadores van captando su ideario balompédico. Es el principio.