La actitud, esa coartada


Ni milagro ni casualidad. El azar puede contribuir a ganar un partido, pero difícilmente da para alcanzar una final o para conquistar un play off de la Liga ACB. Y menos con la jerarquía y seguridad que mostró el Valencia para conquistar su primer titulo de Liga ACB. Un triunfo con el premio añadido de hacerse un hueco en el coto privado de las dos grandes potencias futboleras, incluso exclusivo desde el 2010. Puestos a buscarle una coartada al -¿sorprendente y necesario?- primer título de Liga del Valencia Basket, el entorno blanco se ha reencontrado con el manido y cínico argumento de los golpes de pecho, ese vicio que atribuye las derrotas a la falta de actitud o de carácter, como si esas hubieran sido las virtudes que han acompañado los 13 títulos en seis años y la participación en 18 de las 25 finales posibles durante la era Laso.

Pedro Martínez, inquilino por el momento del banquillo del Valencia y la nueva versión de Aíto García Reneses, tiene otra teoría, aparentemente más racional: «Caer en la final de la Eurocopa sirvió para endurecernos. Es más, me atrevería a decir que sin aquella derrota no hubiéramos ganado la Liga». Es decir, perder de forma cruel con el Unicaja el título europeo, en el tercer partido, en su cancha y tras irse con 13 puntos de renta al último cuarto, fue la semilla, el inicio del mayor logro del club que apadrina Juan Roig.

Tan osado resulta atribuir la derrota blanca a la escasez de actitud como la victoria del Valencia a un tropiezo que se produjo allá por el mes de abril. De la misma forma que, por lo visto, al equipo blanco no le espoleó el fiasco de la Euroliga ni el carácter es el único valor del grupo de Pedro Martínez.

Quizá el Madrid de Pablo Laso no ha conseguido la excelencia que su presidente persigue en el balompié, pero se le ha acercado, ha marcado un camino sin vuelta atrás, la apuesta por un estilo ya irrenunciable. El batacazo, precisamente en el peor año en lustros de su gran competidor, merece una reflexión más allá de los golpes de pecho o las arengas gratuitas. La fuga del Chacho, la sobreexplotación de Llull, la juventud de Doncic, el declive de algunas referencias... y, claro, la frescura y el hambre de un Valencia bien construido y mejor trabajado.

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