Fórmula 1 El asturiano recobra el optimismo en su último año con McLaren, que presenta «una obra de arte», un prodigio aerodinámico con un guiño al pasado
25 feb 2017 . Actualizado a las 05:00 h.Estaba eufórico Fernando Alonso en la presentación de su flamante y anaranjado MCL32 en Woking. «Devolver a McLaren a donde pertenece», fue uno de sus lemas. «Si estamos hoy aquí es porque creemos que podemos ganar. Hay muchas esperanzas con la nueva normativa», redundó el piloto asturiano.
Con la excepción del nuevo director ejecutivo de McLaren, Zach Brown (que soltó un «este coche es una hermosa obra de arte, hemos hecho caso a la multitud de aficionados que nos pedían el color naranja. Nuestro objetivo es muy claro: volver a ganar campeonatos del mundo. Es el inicio de una nueva era»), fueron ligeramente más prudentes los dirigentes de la escudería.
Quizás porque en realidad algunos temen que la obra de arte sea una cortina de humo. Con respecto al año pasado, la máquina ha cambiado todo el sistema de la unidad de potencia y el rediseño ha sido intenso. Incluye una aleta de tiburón en la trasera del cockpit y una toma de aire superior. Las laterales se anchean y la trasera es la más ancha de los últimos tiempos, después de que se abandonase el concepto talla cero para las unidades de potencia.
El impacto del McLaren ensombreció la presentación del nuevo Ferrari en Maranello, que se gastó en apenas unos minutos, con Vettel y Räikkönen mirando de reojo al SF70-H, una apuesta de riesgo con un apéndice en forma de T para la aleta de tiburón.
Entre tanto, los mitos regresaban a Woking procedentes del pasado gracias al predominio del naranja, un color que vistieron los bólidos de Niki Lauda, Alain Prost y Ayrton Senna (siete campeonatos entre 1984 y 1991).
Las estimaciones de la casa son pasar de pelear por la sexta plaza. La gestión del optimismo (y del rendimiento) puede ser clave para seducir a un Fernando Alonso que afronta su último año de contrato con McLaren. «El parón del verano será un buen momento para pensar sobre mi futuro», avanza. Para entonces, el MCL32 ya no será la bella incógnita que todavía es ahora.