Hamlet sostiene un balón


Suspender o no suspender un partido. Esa es la cuestión. ¿Qué es más digno para el alma noble? ¿Sufrir los destrozos del temporal o rebelarse contra las cubiertas? ¿Sufrir sin reaccionar o tomar las armas contra el mar de adversidades, oponiéndose a ellas? ¿Soportar los latigazos del injusto adversario de Liga, el desprecio de la orgullosa directiva blanca, el dolor del desamor merengue, la tardanza de la Liga, la insolencia del poder, o luchar contra ellos hasta agotar sus fuerzas? Suspender o no suspender un partido. Esa era la cuestión. Hamlet paseándose por Balaídos con un balón en la mano.

Todo un drama. No por el estado del estadio. No por haber pensado en la peor de las hipótesis. No por todo el rastro que ha dejado el viento en Galicia. El drama es por la agenda blanca. El aplazamiento, el parón y la espera son parte del deporte. Esa tenista bendecida por la lluvia en Wimbledon cuando el rival encadenaba puntos ganadores. Ese duelo de la Federal C argentina que no pudo ni empezar por un ataque de un enjambre de abejas. Ese duelo entre Vélez y San Lorenzo que no pudo acabar porque la grada consideró que los balones no tenían garantía de devolución. Ese coche de seguridad de la fórmula 1... Hace años, diluviaba en el circuito coreano de Yeongam. En la parrilla de salida, Lewis Hamilton, que necesitaba una carrera loca, decía que eran cuatro gotas. Vettel, que no quería arriesgar, aseguraba que estaba sobre un río. La prueba arrancó, tarde y comandada por el safety car. Debido al retraso, antes de que finalizara la carrera, comenzó a oscurecer. Hamilton transmitía por radio que había luz de sobra. Vettel avisaba: «No tengo visibilidad». Literalmente, nunca llueve a gusto de todos.

Los mismos que justifican que en su campo no se juegue una final de Copa por unas obras en los baños exigían que se disputara un encuentro en un campo de fútbol que no era seguro. El cambio revienta el calendario, comentan. Y, dicho así, parece que fuera este un artefacto preciso y perfecto. Quizás el imprevisto haga que los aficionados tengan que acudir a algún partido a una hora intempestiva. Incluso puede que provoque ciertas fechas no se fijen con margen suficiente para que los seguidores se organicen. Aunque eso ya ocurre todas las jornadas. Incluso bajo el sol.

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