Murray, tras las huellas de Djokovic

Con varios paralelismos, Andy, el nuevo número 1, ha vivido cambios que Nole completó antes


Hay un dato que corrobora lo atípico de la época reciente del tenis masculino, con el dominio absoluto de 4 jugadores: de febrero del 2004 hasta la pasada semana (12 años y 9 meses), solo tres ostentaron la condición de número uno: Roger Federer, Novak Djokovic y Rafa Nadal. Desde mayo de 1991 hasta la fecha en que Federer tomó el relevo de Andy Roddick lo hicieron 15: Becker, Courier, Edberg, Sampras, Agassi, Muster, Marcelo Ríos, Moyá, Kafelnikov, Rafter, Safin, Kuerten, Hewitt y Ferrero, además de Roddick. ¿Por qué sucedió eso en la época reciente? Por lo excepcional de Roger, Rafa y Novak y el menor nivel en las últimas generaciones. Desde el 2004 hasta hoy, el cuarteto (ya incluido Murray) ha ganado 45 de los 52 grand slams. El británico alcanzó lo que parecía imposible hace solo unos meses: relevar a Novak Djokovic en lo alto del ránking. Al serbio y al escocés les unen varias coincidencias. 

TRAUMAS

La guerra y Dunblane

Murray sufría un traumático suceso a los 9 años, el asesinato múltiple de 16 estudiantes y una profesora en su escuela en Dunblane. Djokovic padeció en su niñez en Belgrado los bombardeos de la OTAN y los horrores de la guerra.

COMIENZOS

Influencia femenina

Ambos descubrieron muy pronto el tenis, por la influencia de dos mujeres. La madre de Andy, Judy, era entrenadora, y guio sus pasos y los de Jamie, su hermano mayor. En un vídeo, Judy comenta las buenas condiciones de Jamie y que el pequeño, Andy, con 12 años, no tenía mucho talento. Jelena Gencic tuvo una decisiva influencia en el inicio de Djokovic, al que descubrió en un clinic cerca de Montenegro, donde los Djokovic tenían un restaurante. Balonmano, tenis, televisión e historia del arte forman parte de la trayectoria vital de Gencic, que modeló a tenistas como Ivanisevic, Seles y Majoli.

Novak tenía 6 años cuando lo vio Jelena, impresionada por sus condiciones y determinación. Durante otros 6 años guio su carrera y le inculcó inquietudes (literatura, arte, música clásica, idiomas...). Ya afloraban las dotes interpretativas que lo hicieron un simpático imitador y orador de adulto. Y la música clásica: al crío le gustaba la obertura 1812 de Tchaikovsky y Gencic le animaba a recordarla para calmarse en los partidos. Durante la guerra, Jelena elegía el sitio de Belgrado donde entrenar en función de los bombardeos de la víspera. Y Novak simulaba recibir el trofeo de Wimbledon, un vaso de plástico, con el posterior discurso. Cuando venció en la catedral, visitó a su maestra y recordaron la escena. Nole lloró su muerte en el 2013 y uno de sus primeros recuerdos tras completar en París el Grand Slam fue para ella.

FORMACIÓN

Salidas al extranjero

 Novak y Andy completaron su formación fuera. El serbio a los 12 años se fue a la escuela de Niki Pilic en Alemania y Murray a los 15 viajó a la academia de Emilio Sánchez Vicario en Barcelona. El escocés lo hizo con dos objetivos: forjarse en las escuelas españolas y escapar de la presión de los medios ingleses.

EQUIPOS

Estabilidad frente a cambios

Nacidos ambos en 1987, Novak siempre ha ido por delante. También al configurar su equipo. Tras un período dirigido por Piatti en el 2005, Djokovic inició una estable relación con Marian Vajda que aún dura. El Comandante ha sido una pieza fundamental, con solo dos apuntes externos: unas pruebas con Todd Martin para mejorar el servicio en el 2009 que no tuvieron los efectos deseados y la incorporación de Boris Becker, con unos efectos más favorables de lo que se preveía desde fuera del entorno.

Contrastando con esta estabilidad, el entorno de Andy ha variado sin parar. Con la sombra de Judy como cerebro, y con las facilidades de la federación inglesa. Por su banco desfilaron Petchey, Gilbert (contratado por la federación con el mejor contrato que se ha hecho nunca a un entrenador de tenis), MacLagan, Vallverdú, Cahill, Corretja, Mauresmo, Bjorkman, Lendl? Demasiados cambios para la planificación de una trayectoria adecuada.

MADUREZ

«Si él puede, por qué no?»

 Volvamos al cuarteto de esta época. La rivalidad Federer-Nadal, salvo en el juego limpio de ambos, ha sido de contrastes: elegancia y facilidad técnica frente a espectacularidad y fortaleza mental. Andy y Novak son diferentes. No alcanzan la elegancia del suizo ni la mentalidad del español, pero son competitivos y tienen extraordinarios recursos: buenos sacadores, excepcionales restadores y con un gran revés a dos manos (el del serbio algo más agresivo, y el del escocés en ocasiones algo conformista).

Pero el lastre de Djokovic y Murray es la dificultad para controlar sus emociones si las cosas no van bien. Novak vio que o cambiaba o iba a ser difícil superar a Nadal. Su cambio de actitud ha sido clave para su espectacular mejora. Andy, cuyo espejo por similitud de estilos siempre ha sido Djokovic, ha seguido su estela. Una frase resuena en su cabeza: «Si el puede, ¿por qué no voy a poder yo?». El cambio en el autocontrol de ambos ha sido fundamental.

 

INFLUENCIAS

Cetojevic y Lendl

En el 2010, Igor Cetojevic dio a Djokovic la dieta sin gluten para combatir sus problemas celíacos. Experto en nutrición, pero también en psicología, le aportó confianza en un momento clave. El Novak del 2011 era un atleta con un físico perfecto y una confianza desconocida en él hasta ese momento. El fichaje de Lendl fue posiblemente la mejor decisión que ha tomado Murray en toda su carrera. Acostumbrado a cargar las culpas de sus errores a los integrantes de sus banquillos, recurrió a un hombre espartano: «Al éxito se llega con trabajo duro y seriedad máxima». En su manual no caben tonterías y lloriqueos. Intensifica la dureza de entrenamientos y el comportamiento de Murray es otro, más serio y concentrado, más positivo.

LOGROS

El clic de la Davis

Djokovic ganó su primer grand slam con 21 años, y desde entonces acumula 12 títulos y 9 finales. Murray logró su primer título de ese rango con 25, y ha conseguido dos más y siete finales. Ambos han ayudado de forma clave a que sus países lograsen la Davis: Serbia por primera vez y Gran Bretaña tras décadas sin conseguirlo.

 Nole se hizo número uno mundial a los 24 años, acumulando hasta ahora 223 semanas en esa posición. Murray releva al serbio a los 29, el más veterano en estrenarse, después de Newcombe (30), en la era open. Andy gana en un aspecto, sus dos oros olímpicos, un metal que ansía todavía Nole.

El regreso de Lendl, el físico y la ausencia de presión  

Tras la victoria en Roland Garros, con un Djokovic inaccesible y una amplia ventaja en el ránking, parecía impensable que al cabo de cinco meses pudiese producirse un relevo en el número uno. Para ello han coincidido dos circunstancias: una mala racha del serbio y una temporada excepcional del escocés, con ocho títulos.

Creer en la permanencia de los estados de forma idílicos es ilusorio, incluso para los más grandes campeones. En los últimos tiempos, Djokovic parecía jugar en otra liga, como en alguna rueda de prensa apuntaba Nadal. Pero el balear conoce como nadie que todo puede cambiar en cualquier momento. El ser el número uno exige estar siempre al 100 % en todos los aspectos, y eso es muy difícil en un largo período. Los deportistas son antes que nada personas, con su vida familiar, su entorno, sus amistades, y si algo altera ese entorno (enfermedades, divergencias), el rendimiento se resiente.

Luego está el físico, normalmente exprimido al máximo en la élite, y que cuesta mantener en estado óptimo durante largos períodos. Y no digamos las lesiones, el peor enemigo de los deportistas, que limitan su cuerpo y debilitan su mente. Novak ha sufrido problemas en su codo, y es una causa suficiente para un bajón en su rendimiento, pero en mi opinión creo que tras ganar Roland Garros, un objetivo tan perseguido, se quedó algo vacío en su motivación. Es verdad que estaba en el horizonte el oro olímpico y ganar mas grand slams, pero el batacazo de Wimbledon y la desilusión de Río mostraron a un Djokovic con dudas sobre el diferente papel que tenía el tenis en su vida antes y después de su triunfo en París.

 Por otro lado está la excepcional temporada de Murray. En un excelente estado físico, liberado de todas las presiones de los británicos para ganar Wimbledon y la Copa Davis, con una reacción tenística enormemente positiva de su paternidad, y con la vuelta de Lendl para reforzar su autoestima. El escocés ha aprovechado las lesiones de Rafa y Roger y el inesperado bajón de Novak para ponerse por delante del que ha sido su principal referente en toda su carrera profesional. Le ha costado muchos años conseguirlo, pero su constancia lo ha hecho posible. En el Masters de Londres volverá a estar en juego el número 1, pero al escocés ya nadie le privará de estar para siempre en la restringida lista de los más grandes.

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