El complicado reto del recambio

España vuelve a la élite de la Davis con figuras por encima de los 30 y que podrían volver a renunciar a jugar


El regreso de España al grupo mundial de la Copa Davis, tras el triunfo en la India, resulta un buen momento para analizar como se presenta el futuro competitivo del tenis español. Vuelve a la élite después de reunir, algo difícil en las últimas temporadas, a los mejores. Pero también veteranos: David Ferrer Feliciano López y Marc López ya tienen 34 años y Rafa Nadal, 30.

LA SITUACIÓN ACTUAL

Los veteranos sostienen la imagen en el ránking

 El exjugador y excapitán español de la Davis Emilio Sánchez Vicario alertaba hace pocas semanas, de que en cuatro años, el tenis norteamericano, con menos jugadores en la élite pero con muchos más jóvenes con excelentes expectativas, superaría al de nuestro país, huérfano de recambio para la actual generación. Y los datos objetivos son contundentes. España, mantiene once jugadores entre los 100 primeros clasificados del ránking ATP, mientras los norteamericanos solo ocho, pero con un detalle muy importante a tener en cuenta: la edad media del grupo español es de 30 años y la de los estadounidenses de 24,5. Nuestro jugador más joven es Pablo Carreño con 25, mientras los americanos tienen cuatro por debajo de 24.

El problema aumenta según vamos avanzando en el ránking. Entre el 100 y el 200, España tiene ocho jugadores, y entre el 200 y 300, cinco. En ambos casos la edad media se mantiene parecida a la de los 100 primeros, cercana a los 30 años. En estas franjas, como reflejaba Emilio en su análisis, figuran un importante número de jóvenes jugadores norteamericanos apuntando a ocupar puestos relevantes en un futuro próximo.

LOS JÓVENES

Escasos jugadores entre los mejores júniors o los sub-23

 Pero no debemos quedarnos en un mero análisis comparativo con el tenis estadounidense, cuyo potencial es mas lógico que produzca jugadores de primer nivel, que pase un ciclo tan pobre como el de los últimos años. Si seguimos observando los datos, comprobamos que en el ránking mundial sub-23, hay que llegar hasta el puesto 35 para encontrar el primer jugador español, y solo cinco figuran entre los 100 primeros. Y en el ránking mundial júnior solo hay cuatro jugadores españoles clasificados entre los 100 mejores, y ninguno entre los 10 primeros.

España tiene sin duda un problema de recambio de las extraordinarias generaciones de los últimos tiempos. Sus jugadores franquicia pasan de los 30 años, edad que alcanzarán en breve Roberto Bautista y Albert Ramos. Y por detrás, ¿quién?

 FUTUROS ASPIRANTES

Varios países posicionados para las próximas ediciones

Entre los mejores jóvenes surgen, además de los americanos, los canadienses, con Raonic y una pléyade de jóvenes con excelentes resultados y condiciones; los japoneses, con Nishikori arrastrando a otros jóvenes nipones que ya van cogiendo posiciones y experiencia; los franceses, con muchos jugadores veteranos arropando la salida de emergentes, como Pouille y Halys; los australianos con mucho talento joven, aunque lastrados por las rarezas de Kyrgios y Tomic; los alemanes, ilusionados con razón con Zverev, al igual que los austríacos con Thiem, los suecos con Immer, los rusos con Khachanov y Rublev o los croatas con Coric.

Tras los coletazos que la Suiza de Federer y Wawrinka, la Serbia de Djokovic o la Gran Bretaña de Murray puedan dar en un futuro inmediato, argentinos y checos son entre otros, como los señalados anteriormente, países a tener en cuenta como candidatos a futuros triunfos en la ensaladera y en el dominio del tenis mundial en los próximos años.

 

EL CONTEXTO

Una generación de directivos que no ha estado a la altura

 ¿Qué puede hacer el tenis español para revertir esa situación? La respuesta no es fácil, la crítica si. Cuando en un país que tiene a Rafa Nadal y a una generación de jugadores capaces de ganar cinco ensaladeras de siete finales jugadas, de ganar el oro olímpico en individual y dobles, múltiples victorias en torneos individuales y grand slams, el llegar a una situación así, refleja que se ha hecho una muy mala gestión. Los éxitos han enmascarado la nula labor desarrollada en la base y las etapas de formación de los jugadores.

 Está claro que los campeones nacen, pero necesitan un entorno adecuado para desarrollarse. Y la formación de buenos jugadores precisa una estructura adecuada, con incentivación para los niños con competiciones motivantes, entrenadores preparados para las distintas etapas de formación, y un planificado y amplio calendario competitivo de satélites y challengers, para la etapa determinante de acceso al circuito profesional.

 En nuestro país, en los últimos años, todos estos aspectos se han descuidado. Los torneos para los niños carecen de aspectos incentivadores y cada vez se parecen más a un medio para lograr puntos, que para generar satisfacción y formación a los participantes. Sin duda es una de las causas de que el número de licencias, increíblemente en la época de Nadal, haya descendido notablemente. Sin duda que al igual que hay generaciones buenas y malas de jugadores, también la hay de directivos, y la que ha coincidido con la mejor época del tenis español, simplemente no ha estado a la altura. 

EL FUTURO

La base como principal reto para la nueva directiva de la Federación Española

 Ahora hay un nuevo equipo al frente de la Federación Española de Tenis. Sus primeros compromisos, como el de Nueva Delhi, han sido positivos. Pero me imagino que el equipo de Miguel Díaz, cuyo programa y primeros nombramientos parecen acertados, es consciente de la difícil tarea que les queda por delante, y que la verdadera labor no está en los palcos, sino en la constancia del trabajo diario, y la capacidad para llevar adelante los cambios necesarios para devolver al tenis español a su mejor nivel.

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