Los estamentos del fútbol femenino debaten en La Voz el camino hacia la paridad de condiciones con el masculino, mientras la RFEF calla y otorga
09 sep 2016 . Actualizado a las 10:33 h.Arrancó la competición nacional en el fútbol femenino y, en lo que atañe a los intereses gallegos, con la atención centrada en el grupo primero de la Segunda División. La jornada inaugural acogía un duelo histórico en Ponte dos Brozos, el regreso del Deportivo tres décadas después de que aquel Karbo escribiese unas de las páginas más brillantes del deporte español. Un gran paso hacia la igualdad en el deporte, toda vez que el equipo masculino del club coruñés ya es un referente en la élite del balompié español.
Sin embargo, la fiesta del fútbol femenino no fue completa porque la RFEF, que preside Ángel María Villar, no lo desea. Antes al contrario, su sistema para establecer los honorarios arbitrales provoca esas desigualdades y el colegiado de ese histórico partido, Espasandín Cores, cobró cinco veces menos que la categoría a la que pertenece, la Segunda B.
Las notables diferencias han generado controversia en el entorno del fútbol femenino gallego. La lucha por la igualdad en un deporte que aspira al profesionalismo está plagada de matices.
Por ejemplo, la ourensana Zulema González, de Tercera División (primera colegiada gallega que dirigirá un partido en categoría nacional en toda la historia) ha arbitrado en la Copa de la Reina con unos honorarios menores que en su categoría. «Digamos que el fútbol femenino todavía se toma como algo novedoso. Debemos ganarnos nuestro espacio y reconocimiento y es probable que por el momento no podamos exigir ganar lo mismo porque no genera los mismos recursos», plantea.
Su análisis va más allá: «Creo que los honorarios deben evolucionar hacia la igualdad, o al menos, que no sean tan notablemente inferiores a los de las categorías masculinas, porque la profesionalidad, dedicación y horas de entrenamiento para nosotras deben ser las mismas en ambos casos». «Lo mismo sucede en el caso de las futbolistas, pero ni ellas ni nosotras aunque seamos internacionales, podremos confiar en vivir profesionalmente del fútbol», reflexiona. «Quizás se deberían ajustar un poco los baremos», concluye.
Más crítica se muestra la futbolista del Sárdoma Victoria Vázquez Kloock. «No entiendo por qué se tiene que dar esa situación. Puede derivar en que los propios árbitros asuman dirigir partidos de Liga femenina como una pérdida de tiempo en términos económicos, que se lo puedan tomar como un trámite, aunque debo decir que la profesionalidad de los árbitros está fuera de toda duda», explica.
«Soy consciente de que la Primera División masculina y femenina no generan los mismos recursos, pero se trata de una cuestión de respeto e igualdad. Como el hecho de que siempre piten árbitros de la misma delegación que el equipo local. No debería ser así. Deberíamos luchar y caminar hacia la profesionalización de todos los estamentos de fútbol femenino», opina. «A todos nos gusta que nos valoren, sobre todo si en entrega somos casi profesionales. Y en ocasiones, precisamente se aprovechan de nosotras por ese compromiso», zanja.
El coordinador de fútbol femenino del Victoria (milita en Segunda), David Iglesias, considera que «si se quiere que haya igualdad, hay que equiparar todos los estamentos del fútbol femenino con los del masculino; lo contrario va en detrimento de la competición».
«Los mejores deben tener las mejores condiciones, aplicable también a la cantera y sus técnicos. Que se vea que el fútbol femenino es serio y se involucra», sugiere. «Todo está vinculado al negocio, a la apuesta de las marcas y patrocinadores, y a la educación. Hasta que se den cuenta de que el deporte femenino vende. En los Juegos, fueron las mujeres las que tiraron de las medallas», concluye.
Mientras tanto, la RFEF rehusó ofrecer explicaciones con respecto a la diferencia de trato entre el fútbol masculino y el femenino.