35,766

Tamara Montero
Tamara Montero CUATRO VERDADES

DEPORTES

Emocionaron. Tanto como cuando Carolina Pascual subió al podio de Barcelona en aquel 1992 grabado en la retina de toda una generación. Tanto como aquel verano de 1996 en el que Marta, Nuria, Estela, Lorena, Tania y Estíbaliz le arrebataron el oro a las eternas favoritas y se convirtieron en las Niñas de Oro. Tanto como aquel beso de Almudena Cid con sabor a despedida. Era la última vez que pisaba aquel tapiz al que le decía adiós tras cuatro finales de los Juegos Olímpicos. Ninguna otra gimnasta lo ha conseguido. 35,766. Es la cifra de la victoria. Una puntuación que pasará a la historia. Alejandra, Artemi, Sandra, Lourdes y Elena se han llevado una medalla de plata que vale más que cien oros. Porque han vuelto a recordar a España que la rítmica existe. Y que detrás de cada golpe de maza, de cada cinta serpenteando, de cada giro, de cada lanzamiento de pelota, de cada salto, hay un esfuerzo casi sobrehumano. Hay muchos años de caídas, de llantos, de sudor, de trabajo y de sacrificio. De repetir un millón de veces el mismo movimiento hasta que es perfecto. De ser capaz de ejecutar el montaje con música, sin ella, despierta, dormida, en el gimnasio, en la calle, en clase y en la ducha. Ese 35,766 nos recuerda que la gimnasia rítmica es un deporte tan bello como exigente. Tan grácil como duro. Tan elegante como doloroso. Pero merece la pena. A las cinco, gracias. Ya sois heroínas.