La mujer que cambió el bádminton

El oro de Carolina Marín supone una revolución en un mundo dominado por la tradición asiática


redacción / la voz

Cuentan los expertos que el éxito de Carolina Marín no es un milagro, sino que es fruto del trabajo a destajo y de una entrega absoluta. Pero lo que ha hecho la onubense es de otro planeta. La campeona, de la mano del cerebro privilegiado de Fernando Rivas, ha logrado que el bádminton español, con sus tímidas 7.000 licencias y una tradición escasa, haya destronado a las asiáticas de lo más alto del podio. Solo China cuenta con cien millones de licencias. Pero David ha derrotado a Goliat.

¿Qué supone a nivel internacional el oro de Carolina?

«Es como si Estados Unidos perdiese la final de baloncesto», describe Rodrigo Sanjurjo para ilustrar el hachazo que el oro de Carolina Marín ha dado al bádminton asiático, y especialmente al chino. «En China me imagino que habrá una reunión de estado para estudiar lo que ha pasado», prosigue el presidente de la Federación Galega. Y es que por cantidad y tradición resultaba impensable que una europea acabase con la tiranía asiática. «Con pocas licencias compites contra la historia y la tradición», detalla Rafa Vázquez. Y lo explica: «El entrenamiento asiático y el europeo no tienen nada que ver. En España al principio como los chinos eran los mejores se optó por importar su modelo, que era el que triunfaba. Pero no acabó de tener éxito». En Asia, con millones de jugadores y un entrenamiento intensivo -casi militar- desde pequeños, sacar adelante campeones es natural. En España solo se ha logrado cuando han confluido un talento natural inmenso y años de dedicación bajo la lupa del bádminton revolucionario que abandera Rivas.

¿Qué hay que tener para ser una jugadora top como Marín?

A lo largo de la historia, cuenta Rafa Vázquez, «solo tres chinas han conseguido ganar dos veces el campeonato del mundo». Carolina los tiene, además del oro olímpico y dos títulos europeos. Y todo porque en ella han confluido cualidades, trabajo e innovación. «Primero, tiene un talento increíble y una cabeza muy buen amueblada; luego, una capacidad de sufrimiento y de constancia importantes; y además, ha contado con los métodos adecuados para que alguien la lleve a lo más alto, como es el caso de Fernando», desgrana Sanjurjo, que añade a la ecuación el apoyo infranqueable de su familia. Su lema, «puedo porque pienso que puedo», resume la fortaleza mental de una jugadora que «está llevando al bádminton femenino mundial a otro nival», agrega Rafa. «Para conseguir lo que ella hace, tienes que ser muy completo, tener un buen físico que te aguante hora y media a gran nivel, tener técnica, ser capaz de jugarle a cada rival cambiando el estilo según las necesidades y, ser flexible para llegar bien en defensa a los volantes difíciles», enumera el entrenador vigués. Nueve temporadas de duro entrenamiento, el último año y medio de sesiones triples y los dos últimos meses de un trabajo al límite son la parte invisible del oro de la onubense.

¿Cuál es la exigencia física de su deporte?

Explica Sanjurjo que «hay estudios que dicen que un partido de bádminton de entre 45 minutos y una hora y cuarto equivale a uno de tenis de entre tres horas y media y cinco». La exigencia física y el desgaste son brutales, y cada vez va a más puesto que se está primando que el juego sea más continuo. Solo se descansa tras el punto 11 y el 21. «El desgaste es tremendo porque son muchos movimientos muy rápidos y seguidos. Aquí hay ralis de 20 golpes que son brutales y el ácido láctico se acumula», detalla Sanjurjo. Para poder afrontar a nivel los partidos debe tenerse resistencia, pero también velocidad para encarar los movimientos rápidos. «Es complejo porque necesitas fuerza, resistencia, flexibilidad y velocidad». Y Carolina las reúne. «Físicamente era fuerte y mentalmente bastante fuerte, esas eran sus armas, y tuvo que trabajar mucho esas dos partes y sobre todo el apartado técnico y la táctica. Es que es complicado porque hay puntos que pueden ser muy explosivos, durar 10 segundos, y al siguiente 35; se te ponen las piernas de ácido láctico a tope», añade Vázquez.

¿Marín está cambiando el bádminton mundial?

«Sí, por supuesto. Igual que nosotros copiamos en su día el sistema de entrenamiento de China o de Dinamarca, pues ahora es posible que nos copien los demás a nosotros», sostiene Rodrigo Sanjurjo. En su momento, Fernando Rivas dio un giro hacia entrenamientos intensos, técnicos, tácticos y de enorme calidad destinados a hacer mejores jugadores. Marín ha sido el fruto de ese nuevo bádminton, y su juego, su constante renovación y lo innovador de su entrenamiento están abriendo una nueva era en su deporte. «La gente va a tener que darle una vuelta a la disciplina. Igual a los asiáticos antes su modelo les llegaba para dominar, pero ahora van a tener que revisarlo», agrega Vázquez.

¿Ha tocado techo la onubense?

Coinciden Vázquez y Sanjurjo en que, guiándose por lo que dice Fernando Rivas, la campeona olímpica todavía tiene mucho margen de mejora. «Si escuchas a Fernando, todavía tiene mucho margen para mejorar. Puede crecer porque muchos golpeos piensa que se pueden mejorar, está introduciendo golpeos nuevos, engaños, fintas...», sostiene Rafa. «Tiene posibilidades de seguir mejorando mucho porque ha llegado a la cima del éxito en una edad temprana y adecuada y puede jugar al bádminton de alto nivel muchos años. El alto rendimiento quema, pero hay que llevarlo bien», concluye el presidente de la Federación Galega.

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