La atleta cántabra, vigente campeona de Europa, buscará su primera medalla olímpica en Brasil
14 ago 2016 . Actualizado a las 05:00 h.En los Juegos de Londres, Ruth Beitia (Santander, 1-4-1979) saltó el listón de los dos metros, pero tres nulos sobre 2,03 impidieron que se colgara una medalla. Anunció su retirada, abandonó los entrenamientos y se dedicó a todo aquello que no podía antes. Su eterno técnico, Ramón Torralbo, esperó al momento preciso para animarla a regresar. Actual subcampeona mundial en pista cubierta y campeona de Europa al aire, la cántabra aspira a mejorar el cuarto puesto olímpico.
-¿Su medalla europea es un paso a tener en cuenta para Río de Janeiro?
-Por supuesto. Es un aval de felicidad, de tranquilidad, de hacer una buena marca y de hacer un triplete histórico.
-¿Necesitará saltar dos metros para medalla en Río?
-No lo sé, pueden ocurrir muchísimas cosas, no depende solo de la marca. Puede influir el tiempo, que llueva, que haga viento, muchos factores. Pero son los Juegos y eso son palabras mayores y habrá que estar en unas alturas altas.
-¿Cuál es el secreto de su longevidad?
-Con 37 años de edad, la ilusión de ir a entrenar cada día es la ilusión de ese sueño de la medalla. La vida me dio una segunda oportunidad. En Londres quedé cuarta y dejé el atletismo. Después me pudo el gusanillo, mi entrenador, con su motivación, me permitió volver a entrenar y todo lo que estoy haciendo suma. Eso es lo que me mantiene con vida deportiva.
-¿De verdad se retiró?
-Durante esos dos meses no paré quieta, hice cosas que por contratos publicitarios y becas normalmente no te permiten hacer por posibles lesiones. Patiné, hice descenso de barrancos, escalada, senderismo... Y cuando volví a entrenar tres meses después fue fantástico.
-¿Cambió de rutina después de su regreso?
-Cambié la carrera después del Europeo de Praga, en el que no me sentí nada cómoda. No dominé la pista, estaba como desbocada, no me salían dos carreras iguales. Decidimos que iba a intentar saltar de parado. Mi vida cambió, empecé a saltar de parado y mis resultados han sido muchísimo mejores. Es el único cambio que he podido hacer, porque lo demás ha funcionado siempre bien. Para qué cambiar lo que sale bien.
-Habrá visto también cambios en el atletismo español en estos años ahora que no está de vacas gordas.
-Al contrario. No sé si habrás visto el último Europeo. Que no estemos de vacas gordas con ocho medallas y 20 finalistas me parece una pregunta osada. Está mejorando muchísimo a nivel del salto de altura y muchísimas de las promesas se han hecho realidades. El cambio ha sido espectacular y muy positivo.
-¿Ha preparado un discurso especial para hablar con el listón en Río?
-No lo sé. No soy consciente ni de que hablo con el listón ni de que sonrío, ni de que chasqueo la mano de atrás. Es algo que sale innato y cada vez que me veo me gusta. Sobre todo en este Europeo. Cuando gana Usain Bolt, pone los brazos uno doblado y otro estirado. Cuando yo daba la vuelta de honor y en los últimos saltos la gente estaba inclinada hacia adelante y moviendo los dedos. Me hizo muchísima ilusión.
-¿Espera que las condiciones para su prueba en Río la favorezcan?
-Como buena cántabra la humedad funciona bastante bien en mí. Si llueve, también funciono bastante bien. También estoy acostumbrada a saltar con calor. Al final, las condiciones que vayamos a tener las vamos a tener todos por igual. Con 37 años ni me preocupa ni me termina de preocupar.
-¿Qué supondría la medalla en unos Juegos para usted a estar alturas?
-Todo (ríe). Es la consecución del sueño, el único que nos queda por cumplir en el mundo del deporte.
-¿Y un punto final?
-Eso me lo quedo para mí. Hasta que el cuerpo aguante y que aguante bien como ahora. De nada sirve si no voy a pasar a una final, si no voy a ser competitiva. No vuelvo a decir que lo dejo ni de palo.