Media tarde en la Villa Olímpica de Barra de Tijuca. Unos atletas descansan, otros entrenan, casi todos viven conectados al guasap. ¿Y dónde se concentra la mayor cola? En el McDonald’s de la zona internacional, el espacio donde conviven atletas, periodistas e invitados. El deporte también es un juego de equilibrios anímicos en el que permitirse un capricho puede disparar las endorfinas y hacer que todo fluya. En esta selva superprofesionalizada, con materiales surgidos de la industria aeroespacial, programas informáticos que escrutan cada respuesta del organismo a un esfuerzo y estudios biomecánicos para acertar con la mejor respuesta posible, a veces hay un mínimo espacio para dejarse llevar.
Quizá por eso el seleccionador español de tiro con arco, el coreano Hyung Mok Cho, con fama de estricto, de aplicar sesiones interminables, aceptó que su equipo acuda esta noche a la ceremonia de apertura de los Juegos. Un acto que, en total, tendrá a los deportistas unas siete horas fuera de la villa, cinco de ellas de pie, con el regreso de madrugada a su apartamento. ¿Pero cómo se mide la influencia de vivir la magia del desfile de Maracaná? ¿Pesará al día siguiente más la emoción de la ceremonia o el cansancio ?
Mañana, apenas unas horas después de acostarse, Alvariño y sus compañeros disputan los octavos de final de la prueba por equipos de tiro con arco.
La llegada de una especie de astronauta volador en Los Ángeles 84, el encendido del pebetero con la flecha en llamas de Barcelona 92, el paseo por la cubierta de Pekín 2008 de Li Ning... La ceremonia, uno de los momentos más emocionantes de los Juegos, arrastra una historia de enfrentamientos entre los atletas y sus entrenadores. En Barcelona a muchos españoles no les dejaron ir al acto ni pagándose de su bolsillo el viaje. Como cuenta Álvaro Alonso en Galicia Olímpica, la gallega Ana Penas organizó junto a cuatro compañeras del equipo de piragüismo un desfile paralelo en Pelayos de la Presa, el pueblo madrileño donde se concentraron antes de ir a Barcelona. Así que hicieron su propio paseíllo en medio de la nada cuando terminó la apertura de Barcelona. ¿Cómo medir aquel chasco en una gráfica?