Entre la inflamación y la flema


Entre Del Bosque y Casillas le han dado la vuelta a la expresión latina «si vix pacem, para bellum», si quieres paz, prepárate para la guerra. Entrenador y portero, primero desataron las escaramuzas y ayer sacaron la mejor de sus sonrisas para apuntarse a aquello de «aquí paz y después gloria» o bien «pelillos a la mar».

El tiempo dirá si la reconciliación es sincera, impostada o convenida, pero cuando menos parece que uno y otro enseguida se han dado cuenta de que «metieron la pata hasta el corvejón», por seguir con los dichos populares.

Suena raro que Del Bosque, experto consumado en el arte de templar gaitas, de repente aparque la moderación y saque el temperamento. Tantos años dando muletazos sin tocar la espada y en la última faena suelta un rejón.

Tampoco estuvo fino Casillas al distanciarse e incluso dejar de hablar con el cuerpo técnico tras adivinar que se iba a quedar sin minutos en la Eurocopa. Cuando coincidieron en el Real Madrid, ya perdió una vez la titularidad en favor de César. Pero es el mismo Del Bosque que lo mantuvo en la selección contra viento y Mourinho en un momento complicado para el guardameta.

De lo que no hay duda es de que los dos podían y debían haber evitado un desencuentro tan poco edificante, porque difícilmente habrá otro entrenador y otro portero que repitan un palmarés como el que ambos han ido forjando en sus carreras.

Y queda claro lo difícil que debe resultar, por regla general, el gobierno de un vestuario de fútbol en el que los jugadores suelen ser proclives a las reivindicaciones y no tanto a las responsabilidades.

Es probable que Del Bosque y Casillas, dos tipos que nunca se han caracterizado por echar gasolina al fuego sino por todo lo contrario, no se reconociesen en la tirantez que hicieron trascender. Ahí ya no hay vuelta atrás. Pero estaría bien que, con el tiempo, la reconciliación de Las Rozas acabe dejando el distanciamiento de la isla de Ré en un mal recuerdo superado.

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Entre la inflamación y la flema