A la final, con discreción

El Real Madrid sufrió por falta de ideas ante un City apocado que se mantuvo con vida por la inoperancia blanca


Redacción / La Voz

Si Guardiola eligió rumiar su derrota contemplando el partido de anoche se habrá pasado hora y media mesándose la calva. Maldiciendo la suerte del bombo y su decisión de abandonar Múnich para mudarse a Manchester, donde le espera eso que ayer pasó por el Bernabéu. A Zidane, el más bisoño de los aspirantes a levantar la orejona, no le hizo falta siquiera una idea para meterse en la final. Pellegrini tampoco la tuvo así que la cita se convirtió en una planicie destinada al desfile de futbolistas de altos vuelos.

Kompany

Un problema sobrevenido

 La semifinal ya pintaba mal para el City antes del sorteo, pero en el minuto 100 se convirtió en un drama. El conjunto inglés saltó al Bernabéu sin Silva y enseguida perdió a otro de sus contingentes. La lesión de Kompany dejó a Otamendi en compañía de Mangala, lo que a estas alturas es un fraude en el cambio de parejas. Cuando está en forma, el central belga es un portento que además ofrece indiscutible ascendencia sobre el grupo. Su relevo lleva una temporada plagada de desaciertos y con él sobre el campo, los de Pellegrini perdieron contundencia y (muy importante) salida de balón. Además, sin Benzemá para tomar como referencia los zagueros tuvieron que abandonar su área, donde al menos se disimulan sus carencias.

Touré y De Bruyne

Ausentes pese a estar

 A falta de fútbol, la atención la acaparó Touré, que hace no tanto era uno de los mejores centrocampistas del orbe y hoy da cierta lástima. Desparramado y lentísimo, el marfileño derrochó fuerzas en girar sobre si mismo. A partir de ahí, intentó distribuir juego, pero le faltaron luces y vías. La pésima forma física le impidió además colaborar en la recuperación y le convirtió en poco más que un estorbo durante la hora que aguantó sobre el césped. Con todo, no fue el peor del City. Porque Touré está de salida en el fútbol de alto nivel, pero De Bruyne acaba de llegar, a cambio de una pasta. El Bernabéu devolvió al belga a Manchester sin estrenar.

Fernando y Fernandinho

Incapaces de crear

 Por detrás de Touré se alistó un doble pivote (el habitual) que contribuyó a que se notara aún más el vacío dejado por Silva. Los dos brasileños estuvieron mucho más cómodos corriendo detrás de la pelota que con ella en los pies, así que Agüero quedó completamente desconectado en punta y el escaso peligro para el Madrid llegó desde el costado que ocupaba Navas. El extremo echó de menos un destinatario para sus centros tras el desborde.

Isco y Módric

Motores intermitentes

 Entre la espesura, Isco y principalmente Módric al menos lo intentaron. En un Madrid en el que casi todo el mundo fue por libre, ellos quisieron de asociarse, sobre todo en el primer tiempo, y trenzaron las mejores jugadas blancas. La inoperancia visitante los liberó de exigencias defensivas y Kroos se bastó en la contención sin el auxilio de Casemiro.

Carvajal y Marcelo

Con el retrovisor de adorno

Tampoco tuvieron mucho trabajo atrás los laterales de casa, así que se lanzaron con frecuencia al ataque. Marcelo ocupó incluso en numerosas ocasiones la vacía posición de mediapunta, a donde llegó a través de paredes. Carvajal fue más académico y en uno de sus arranques llegó el gol. 

Bale y Cristiano

El galés se comió al luso

Un tanto definitivo propiciado por el futbolista que más lo quiso. Bale estuvo en todas partes haciendo más visible la dimisión de Cristiano (y Jesé). El galés es ahora mismo un jugador indispensable. El gran argumento blanco para encarar a un Atleti que sin duda será otra historia.

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