Ni con el viento a favor el equipo de Zidane consiguió desplegarse como un ciclón en el Santiago Bernabéu
13 abr 2016 . Actualizado a las 12:17 h.Solo encontró dos chispazos, dos latigazos de inspiración que equilibraron en un abrir y cerrar de ojos la eliminatoria. Justo antes de que se cumpliese el minuto 20, como manda el decálogo de las remontadas. Pero después, el Madrid, cuando tenía todo en el bolsillo, incomprensiblemente se volvió plano. Ante un equipo replegado le costó agitar el partido, sufrió para poner en ebullición a un Bernabéu totalmente entregado. Al final la gloria llegó a balón parado, con otro latigazo de Cristiano que se tropezó con la colaboración de la barrera. Y aún así, padeció el Madrid hasta el último segundo. Sin duda, más de la cuenta ante un rival de segunda fila. Tendrá que elevar el listón si quiere estar en Milán.
Carvajal
Impulso justo por donde se había descosido en la ida. Para un equipo con el diseño táctico del Real Madrid, los laterales son auténticas piezas de artillería. Sus irrupciones en área contraria suelen ser el elemento que desplome la defensa del contrario. Y hoy por hoy la diferencia entre Danilo y Carvajal es sonrojante. El canterano, a mil revoluciones durante todo el encuentro, necesitó solo un par de minutos para que Draxler -que abandonó el campo lesionado- se diese cuenta de que no iba a tener tan fácil repetir el recital de Alemania. De hecho, una aceleración del canterano acabó en el primer gol. Con él, el equipo intuyó que las semifinales estaban más cerca.
Ritmo
Demasiadas reservas para lanzarse al ataque. Cuando Cristiano anotó el segundo, a la salida de un córner, parecía que sobre el césped del estadio de Chamartín se iba a desatar un ciclón. El Wolfsburgo, tembloroso desde el primer minuto, había caído a la lona. Pero fue entonces cuando el Real Madrid echó el freno. Se difuminó con toques intrascendentes. El conjunto germano ató en corto a Kroos y Modric y la piel de Casemiro está más curtida para perseguir el balón que para crear algo de fútbol. Su figura, pese a que Zidane le otorgó el cartel de imprescindible tras su actuación en el Camp Nou resulta inocua en el 90% de los partidos, donde los blancos están abocados a llevar el peso del juego. Ayer no fue una excepción. Pero Zidane terminó retirando a Modric y apostando por Varane para reforzar a su equipo frente a los envíos directos al área. El cambio bien lo habría podido firmar Benítez.
Endeblez defensiva
El Wolfsburgo generó peligro con relativa facilidad. Es cierto que voltear una eliminatoria con un marcador tan desfavorable en la ida tiene un mérito innegable. Pero también es verdad que si al Madrid ayer no se le complicó la remontada, fue por deméritos del Wolfsburgo. Con el 2-0 en el electrónico, rompía de manera constante una débil presión de los de Zidane. Solo precisaba de dos pases para desarmar un recurso defensivo que el técnico francés no ha conseguido que su equipo desarrolle de forma efectiva y constante. Y así el Wolfsburgo se plantó cerca de Keylor Navas con relativa facilidad. Y pudo anotar. Disfrutaron de dos ocasiones notables.
Zidane sigue ganando tiempo para construir su Madrid. Por el camino ya ha ganado en el Camp Nou y se ha colado en semifinales de Champions. Y no es poco.