«¿Qué le pasa a Garbiñe Muguruza?»

La tenista volvió a desafiar a su técnico en otra derrota que ilustra la tensión que sufre


redacción / la voz

Garbiñe Muguruza, cuarta raqueta del mundo, vigente finalista de Wimbledon, acumula seis millones de euros en premios, casi 500.000 seguidores en sus principales redes sociales y un contrato con el BBVA que la convenció para defender a España en competiciones internacionales. Y todo eso con apenas 22 años y un circuito femenino en el que una cámara escruta las conversaciones que mantiene en determinados momentos de los partidos con Sam Sumyk, el conocido entrenador francés al que ligó su carrera el pasado mes de septiembre. Los micrófonos recogieron el sábado un desconsuelo de los que no cuelga en Instagram, cuando iba perdiendo un partido del torneo de Indian Wells que debía ganar ante la estadounidense Christina McHale, número 62 de la WTA.

«No quiero jugar más. ¿Crees que voy a pelear estando 0-3 abajo en el segundo set?», respondió a su entrenador cuando apelaba al esfuerzo para remontar un partido que en condiciones normales podía haber levantado perfectamente. Unos minutos y unas cuantas lágrimas después, caía apeada por 7-5 y 6-1.

Una vez por set, la WTA permite que los entrenadores asistan en pista a las jugadoras, algo prohibido, incluso por señas desde la grada, en el circuito masculino. La transparencia brinda a las deportistas una herramienta para leer tácticamente el juego, un apoyo anímico en un deporte solitario, y al mismo tiempo permite a los aficionados escuchar lo que siente el jugador y calibrar su relación con su banquillo. «No puedo tranquilizarme», insistía Muguruza a Sumyk en un trance delicado, pero lejos de un instante de máxima presión en un grand slam. La anécdota ilustra la tensión a la que vive sometida la hispanovenezolana. La fama conlleva un peaje que traslucen sus diálogos con su banquillo.

Muguruza: «No quiero jugar más»

Muguruza sorprendió el pasado agosto cuando rompió con su entrenador de los cinco años anteriores, Alejo Mancisidor, que guio su carrera desde que figuraba alrededor del puesto 300 del ránking. «Las diferencias eran muchas y mis valores no me permitían creer y seguir en ello. Hay veces que los grandes éxitos hacen grandes a las personas pero acaban por destruir relaciones», explicó el entrenador a través de las redes sociales: «Desde bien pequeñito mis padres me enseñaron unos valores que me han llevado a estar donde estoy y saber disfrutar la vida con mucha humildad, mucho respeto y mucho trabajo».

«No moriré por una bola»

Las cámaras de televisión ya mostraron otro enfado de Muguruza con Sumyk en febrero en cuartos de final del torneo de Qatar, ante la alemana a Andrea Petkovic. Durante el diálogo, le espetó: «Dime algo que no sepa». Y ante los ánimos del técnico, añadió: «Yo no me voy a morir por la bola, yo no».

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