Susto de Jorge Prado en Lommel

Marta de Dios Crespo
MARTA DE DIOS LUGO / LA VOZ

DEPORTES

El piloto lucense se abrasó el cuello con una de las cuerdas del circuito

02 feb 2016 . Actualizado a las 10:21 h.

Una cuerda de nailon a punto estuvo de rebanarle el cuello al piloto lucense Jorge Prado. Fue durante un entrenamiento en Lommel (Bélgica) el pasado miércoles. «Realmente iba tan despacito que ni me asusté», cuenta su padre, Jesús Prado. Vio que su hijo no se incorporaba de inmediato y se echaba la mano al cuello. «Ahí sí que sentí algo de pánico», recuerda. Jorge salía de una curva y encaró una recta enfangada y en muy mal estado, su rueda delantera tropezó con la cuerda que delimita el circuito y se fue al suelo, resbalando con su cuello sobre la propia cuerda a lo largo de unos metros.

«Tenía una abrasión similar a la de una quemadura, así que tuvimos que ponerle la antitetánica», comenta su padre. Jorge no ha vuelto a subirse a la moto, con la idea de recuperarse lo antes posible. «El único peligro ahora está en que se le infecte, así que se la estamos cuidando con una pomada y una gasa plástica. Este fin de semana corremos en la prueba del Campeonato de España y es probable que vayamos directamente sin entrenar», dice Jesús, aunque no descarta hacer un entrenamiento mañana si la zona «evoluciona bien».

La peligrosidad del sistema

La repercusión que ha tenido en las redes sociales su imagen con el cuello abrasado ha puesto patas arriba al gremio del motor. Y es que el de Lugo no ha sido el primero en sufrir este tipo de lesión, «me paso lo mismo cuando tenía 13» le comenta el piloto belga Ken De Dycker.

«Es un sistema antiguo y peligroso», señala Jesús Prado. «Si llega a ir más rápido probablemente hablaríamos de más de un simple susto», lamenta. La publicación de su hijo ha abierto un debate sobre los sistemas de seguridad en algunos circuitos europeos. «En Estados Unidos directamente no hay nada que delimite los circuitos», añade Jesús. Aunque el padre de Jorge Prado es consciente de que la pista de Lommel es una de las más concurridas de la zona en esta época del año porque es casi la única practicable. «Llegan a juntarse unos 260 pilotos entrenando cada día y por eso es necesario que se marquen las pistas de alguna manera, porque muchos cruzan por donde no deben», dice.

Jesús Prado cree que podrían usarse otro tipo de materiales «menos consistentes», aunque en el fondo reconoce que «es un problema de educación, porque no costaba nada respetar las normas». Aún así, piensa que los clubes deberían sentarse a «estudiar» sistemas menos agresivos.

El Europeo como objetivo

«Animado» porque dentro de lo malo «solo fue un susto», Jorge Prado se siente con fuerzas para encarar como favorito la prueba nacional, aunque su padre asegura que el objetivo de la temporada es el Europeo de 250 que se celebrará a finales de marzo. «No es una lesión grave ni que pueda romperle el ritmo de entrenamientos y eso para él y para el equipo es un alivio», confiesa Jesús.

Una carrera de vértigo

Subido a las motos desde los seis años, la carrera de Jorge Prado ha sido meteórica. Se proclamó campeón del mundo de 65 c.c. cuando solo tenía diez y el 2015 firmó una temporada de vértigo. Fue el participante más joven en la parrilla europea de los 125 c.c. y se hizo con el título continental a pesar de ser un debutante en la categoría. Cumplido el reto, se atrevió a montar la 250 c.c., mucho más pesada. Con ella participó en el Europeo y tras un mes de descanso inició su periplo de dos meses al otro lado del charco.

Aprovechó la oportunidad para bregarse en un circuito privado en el supercrós y conocer de cerca el entorno de su futuro deportivo. Ahora tiene en el punto de mira la prueba europea de 250, aunque por cuestiones de edad no podrá participar en el circuito profesional hasta el año que viene, porque la edad mínima son los 16 años. Matriculado en un colegio belga, compaginó los dos meses de entrenamientos en los Estados Unidos con sus estudios a través del material que le hacían llegar por Internet.