Djokovic, inaccesible

Fernando Rey Tapias LA PIZARRA

DEPORTES

29 ene 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

La incógnita antes de comenzar el Open de Australia, era comprobar si Novak Djokovic seguiría manteniendo el absoluto dominio ante todos sus rivales del pasado año. Los cinco sets ante el francés Simón pudieron sembrar alguna duda sobre los aficionados, sin embargo, han bastado sus enfrentamientos de cuartos ante Nishikori, y sobre todo, la semifinal ante Federer, para reconocer que el serbio no solo mantiene su extraordinario nivel del 2015, sino que lo ha mejorado.

Los espectadores que llenaron ayer la Rod Laver, para presenciar el apasionante partido que desharía el empate a 22 victorias de sus 44 enfrentamientos anteriores, no daban crédito. Antes de cumplirse la hora de juego, Djokovic ya iba dos sets arriba. Y es que el número uno dominaba al suizo en todas las facetas del juego: sacaba mejor, restaba mas agresivo, llegaba perfecto a la bola para conseguir ganadores sin conceder errores. Cuando suceden estas cosas, en ocasiones, los perdedores buscan la excusa de que no les va el juego del contrario y tienen un mal día. La realidad es que cuando te enfrentas a un rival de un nivel tan alto tienes que intentar jugar con mas riesgos de los habituales y por eso se incrementa el número de tus errores.

La paliza que estaba recibiendo Federer era apabullante, y el suizo, en el tercer set, sacó todo su orgullo y su mejor arsenal de golpes para contrarrestar la abrumadora superioridad de Nole. Sirvió mejor; atacó mejor el resto sobre el segundo saque de su rival; jugando al límite, se fue con mas decisión a la red y consiguiendo algunos puntos excepcionales se apuntó el tercer set.

Tras un pequeño paréntesis para cerrar la pista ante el riesgo de lluvia, el partido se reanudó con una mayor igualdad, pero siempre dando la sensación de que el suizo tenía que jugar al límite para no verse desbordado. Aguantó hasta el 4-3 con algunas jugadas que pusieron al público en pie, pero el dominio del serbio, implacable, certificó una victoria inapelable. Las estadísticas del partido hablan por si mismas: más aces, mejores porcentajes de servicio, similar número de ganadores, pero menos de la mitad de errores no forzados. Nole domina todas las facetas: saca bien, cada vez mejor; resta de forma excepcional; imprime un ritmo de juego altísimo que atosiga al rival; se desplaza de forma prodigiosa y comete escasísimos errores tanto de derecha como de revés.

Federer hizo lo que pudo, y logró salir dignamente de una situación complicada. Ya no solo estaba en juego el prestigio, sino demostrar que en el futuro, (el oro olímpico y Wimbledon son dos objetivos comunes en el 2016), el suizo puede tener opciones. Pero para ello no solo tiene que mantener su buen estado de forma actual, sino también esperar que baje por cualquier causa el de su rival. Un rival que a día de hoy parece inaccesible.