La Pulga se hace inmensa

antón bruquetas REDACCIÓN / LA VOZ

DEPORTES

Al mejor jugador del mundo apenas le quedan desafíos por lograr, quizás triunfar con la albiceleste

12 ene 2016 . Actualizado a las 10:06 h.

«Recuerde mi nombre: Leo Messi». Al poco tiempo de llegar a la Masía, junto a otros cuatro juveniles del Barça, Messi protagonizaba un acto publicitario en el que pronunciaba esa frase premonitoria. Aquel crío que con 13 años había aterrizado en España y que gracias a un tratamiento de hormona de crecimiento -en Argentina le habían detectado una enfermedad de su desarrollo óseo- no paraba de crecer -«29 centímetros en 30 meses», asegura su padre Jorge-, recogió ayer en Zúrich su quinto Balón de Oro. Ya no siente ni el aliento de Cristiano. Es una trituradora de récords. Desde que la Pulga residía en la calle Lavalleja, en el barrio La Bajada, en el sur de Rosario, desde que iba a la Escuela Nº 66 General Las Heras y desde que con cuatro años Salvador Ricardo Aparicio le pidió a su madre y abuela que le dejasen al crío para completar su equipo en el Abanderado Grandoli, no ha hecho otra cosa que andar con un balón en los pies.

«Cuando mi vieja lo mandaba a hacer compras, Leo iba con la pelota. Si no, no iba. Y si no tenía pelota, se la armaba con bolsas o medias», recuerda su hermano Matías, unos años mayor que él. Ese idilio con el fútbol todavía permanece en Messi. Pese a haber escalado hasta lo más alto, pese a haberlo ganado todo una y mil veces, en su cara todavía no ha aparecido el rastro de la duda. Ni los líos con Hacienda, ni las críticas en la tierra que siente en el corazón, ni la voracidad de sus oponentes -un grito de Cristiano sirvió para despertarlo-. Ninguna zancadilla -sus allegados aseguran que en realidad las patadas más duras no las recibe ahora. «¡Cómo le pegábamos! En realidad lo sacudíamos de impotencia y mi viejo siempre me retaba», relata Matías Messi- ha logrado frenar a un portento de dimensiones aún difíciles de cuantificar. Como ocurre con todo en el vida, habrá que esperar a que lo que ha bordado sobre el césped se pueda abordar reflejado en el espejo de un retrovisor.

Hacia adelante, a Messi le queda poco por alcanzar. Nadie ha coleccionado tantos títulos como él. Quizás solo un borrón. Una tacha que ayer reconoció que le duele especialmente, que cambiaría por los cinco balones de oro. Es consciente de que un solo Mundial significa mucho más que ese premio individual. A Maradona, con una personalidad más arrolladora que Messi, le sirvió para anidar para siempre en la memoria de un país, de su país. A Messi lo admiran, pero al sonido de su nombre le falta el carácter de religión.

Ganas de triunfar en Argentina

Cuando empezaba a despuntar en las categorías inferiores del Barcelona, Ginés Menéndez, que entonces se encargaba de la selección sub-16 se le acercó y le dijo: «¡Qué pena que no seas español para poderte convocar!». «Jamás hubiera jugado para España. Soy argentino, rosarino y leproso. Las costumbres y los afectos no se pierden», recalcó Leo en una entrevista. Esas palabras cuantifican el peso que Argentina tiene en el tuétano de Messi.

Este año se le presenta una inmensa oportunidad para redimirse de la decepción del Mundial de Brasil del 2014, ese Campeonato del Mundo que todo su entorno, incluido el seleccionador, Tata Martino, consideraba que le llegaba en el momento perfecto de su carrera. En la madurez, aunque lejos del declive. Con un rol más determinante en el vestuario, donde al principio siempre había sido un complemento de los veteranos y en aquel instante ya había tomado el bastón de mando. Pero no pudo ser. En el clima atemperado de Sudamérica, Alemania funcionó tan precisa que había instantes en que sus jugadores podrían haber cerrado los ojos y el balón habría tenido el mismo destino.

Este verano es el centenario de la Copa América. Ganarla con la albiceleste sería al menos un consuelo. Otro motivo para levantar los brazos y acordarse de su abuela materna, Celia, la que lo llevaba a los entrenamientos cada día y que no lo vio triunfar, y a la que señala con cada gol.