Casillas se muere de ganas de hacer milagros


El fútbol tiene estas cosas, que siempre abre una puerta para el morbo. Podía pasar y pasó que Casillas y Mourinho se vieran las caras en la fase de grupos de la Liga de Campeones. Era más difícil de imaginar sin embargo, que en la última jornada ambos iban a enfrentarse en Stamford Bridge en un partido a vida o muerte. 

Los caprichos del destino han querido que una buena parada de Casillas pueda dejar K.O. al Special one. O que una pifia suya le regale el pase en detrimento de su Oporto. El ex del Madrid no se libra de su peor pesadilla, de un entrenador que inoculó tal veneno en el madridismo que casi acabó con su carrera. Nadie como Mou para sembrar la cizaña. Hasta el punto que un ídolo intocable como el portero de Móstoles acabó convirtiéndose en un foco de división del madridismo y en un muñeco de pimpampum ante la mirada condescendiente de Florentino. 

Mourinho le robó la confianza a Casillas y este dejó de hacer milagros. Al portugués hay que reconocerle su capacidad para hacer daño, porque el meta estaba en el altar de la entidad blanca. A lo largo de su carrera contribuyó de forma decisiva en la consecución de cinco Ligas, dos Copas del Rey, tres Ligas de Campeones, a las que añadió con la selección dos Eurocopas y un Mundial. Todo ello aderezado con una imagen de chico normal, modesto y educado y muy del Madrid. Tumbar a un ídolo de tal calado como lo era Casillas solo lo puede hacer alguien superdotado para la destrucción. Porque Mourinho ha ganado mucho, pero es una especie de caballo de Atila en permanente estado de mal café.

El ambiente propiciado por Mou fue  tan irrespirable que Iker encontró en Oporto una excelente salida para seguir con su profesión al máximo nivel y tener una última oportunidad de luchar con España por otro gran título, la Eurocopa de Francia. Su marcha a Portugal supuso el adiós a una presión insoportable, con un sector del Bernabéu que le silbaba al mínimo fallo y con los medios de comunicación analizando al detalle  todas y cada una de sus intervenciones. 

En el partido de ida de la primera vuelta, Casillas se encontró con Mou. Y falló en el gol del Chelsea, si bien no hizo un mal partido y su equipo ganó. Ahora, tiene la oportunidad de su vida. Una ocasión única para vengarse del mayor enemigo que ha tenido jamás. Mourinho está en el momento más delicado de su carrera, más cuestionado que nunca. Si el Oporto logra eliminarle será un golpe brutal para el portugués. Iker no parece un tipo muy de venganzas y es probable que no le haya dedicado mucho tiempo a pensar en la conquista de Stamford Bridge, más allá de sus ganas de clasificarse. Pero seguro que hoy, a las nueve menos cuarto, cuando vea al luso en el banquillo se apoderarán de él unas ganas enormes hacer un milagro tras otro. 

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