La inversión de casi 400 millones de euros de un consorcio chino en el City acentúa el desequilibrio entre la liga inglesa y el resto
02 dic 2015 . Actualizado a las 05:00 h.El Saint Étienne es el equipo de la capital de la región del Loira, representante de una ciudad lastrada por su proximidad a Lyon. Con el cambio de siglo, el conjunto verde se vio también ensombrecido por el resurgir de su vecino, un Olympique convertido en habitual de la Champions frente al que ahora languidece el que en realidad es el conjunto más laureado de Francia; el que ostenta mayor número de títulos ligueros. El club, que vivió su época dorada entre los 60 y los 70, pelea por un hueco en la parte alta de una Ligue 1 dominada incontestablemente por el PSG, abastecido a través del prolífico fondo catarí que representa Nasser Al Khelaifi. A Bernard Ciazzo, uno de los dos presidentes del Saint Étienne, no le hace ninguna gracia el desembarco de multimillonarios que condicionen la competición de su país, pero ve aún con mayor recelo lo que está sucediendo unos kilómetros más al norte. «Si la UEFA no actúa, la Premier va camino de convertirse en la NBA del fútbol. Será más grande que la Champions. Lo que sucede en Inglaterra tendrá impacto en España, Italia y Alemania», vaticinó a principios de este año.
Y lo que sucede en Inglaterra no ha hecho más que crecer desde entonces. Con unas entidades deportivas cada vez más poderosas a costa de disparatados contratos televisivos (cada equipo de la máxima categoría recibirá unos 130 millones de euros la próxima temporada a cuenta de las teles). Sociedades que captan el interés de individuos y fondos de inversión de incalculable patrimonio y ganas de hacer negocio o de valerse del escaparate de un mundo tan popular como el del fútbol. El último en apuntarse al fenómeno Premier ha sido un consorcio chino capaz de soltar casi 400 millones de euros (377, al cambio actual de la libra) por un 13% del Manchester City.
Lo cierto es que los blues no están sacando gran partido a tanto dispendio. El pasado fin de semana aprovecharon el favor del vecino United en Leicester para asaltar el liderato de la liga, pero su plaza en lo alto de la tabla guarda mayor relación con la falta de regularidad de sus adversarios que con el buen juego de los de Pellegrini. Al chileno le redondearon el equipo este verano a costa de algo más de 200 millones de euros. 75 se fueron en la contratación de un belga de 24 años que había pasado de puntillas por el Chelsea hace tres temporadas para brillar en el Wolfsburgo durante la pasada (segundo en la Bundesliga y campeón de copa).
Flojo rendimiento continental
Kevin De Bruyne ha disputado diez partidos este curso y anotado cuatro goles (suele jugar de mediapunta o extremo, según le convenga al míster) mientras su equipo ha sufrido ya alguna derrota sonrojante como la que le infringió el Liverpool en el Etihad (1-4) hace un par de jornadas. Está clasificado para octavos de la Champions, aunque será segundo de grupo salvo milagro y su futuro en el torneo continental se presenta bastante gris.
De hecho, no hay ningún equipo inglés entre los favoritos para ganar una Liga de Campeones en la que el Bayern, el Barça y el Real Madrid copan las predilecciones de los apostantes. Los tres permanecen de momento inmunes a las grandes fortunas extranjeras. En el caso alemán, lo impide el reglamento que rige la Bundesliga y que prohíbe que ninguna persona o empresa posea más de la mitad de las acciones del club -el Leverkusen y el Wolfsburgo escapan a la norma porque ya tenían dueño cuando esta entró en vigor-. El control del club culé se lo reparten entre cerca de 140.000 socios, mientras que en el merengue superan por poco los 100.000.
Abramóvich, el precursor
Nada que ver con el asalto a la Premier, iniciado hace doce años en un equipo bajo amenaza de ruina. Ken Bates vendió el Chelsea en verano del 2003. Roman Abramóvich pagó casi 200 millones de euros por controlar la entidad londinense y se convirtió en pionero de una desenfrenada toma de la liga inglesa. Hasta diez conjuntos de la máxima categoría están hoy en manos de capital extranjero, la mayoría de Estados Unidos.
Tras el del magnate ruso, el desembarco más llamativo fue el de Mansour bin Zayed (hijo del emir de Abu Dabi) en el mencionado Manchester City a cambio de más de 250 millones de euros, en el 2008 (un año antes lo había adquirido un exprimer ministro tailandés por 120). Desde entonces, los citizens han levantado dos ligas y una copa. El dominio continental se les resiste. Por ahora. No hay reto demasiado grande para China.
Contados desembarcos en Italia, Francia y España
Hace un año, Massimo Moratti abandonó definitivamente el barco. El empresario italiano, popular mandatario del Inter de Milan durante 18 años, había decidido en octubre del 2013 vender el 70% de las acciones del club al indonesio Erick Thohir por unos 300 millones de euros. Aún se mantendría como presidente de honor de la entidad durante otros doce meses.
El nerazzurri no es el único club del Calcio controlado por un inversor extranjero. El Roma es propiedad del estadounidense Thomas Di Benedetto desde hace cuatro años.
En España, el poder foráneo se ha notado sobre todo en el sur, donde el Málaga pertenece al catarí Nasser Al Thani y el italiano Giampaolo Pozzo manda en el Granada (también lo hace en el Watford inglés y en el Udinese). Además, el magnate chino Wang Jianlin posee el 20% del Atlético de Madrid.
En Francia, el multimillonario ruso Dmitri Rybolóvlev adquirió el Mónaco en Segunda y el polaco Waldemar Kita posee el Nantes. El PSG de Al-Khelaifi es el poderoso líder de esa liga en la que todavía planta cara el laureado Saint Étienne de