El Toto perdió la batalla táctica, Nolito no fue el líder del equipo, el centro del campo no existió y el Celta fue una caricatura. Todo fue negativo. Desde la pizarra del vestuario hasta el desenlace con el gol en propia meta de Jonny.
La derrota de Riazor tiene mucho de táctica. Víctor sorprendió y consiguió desarmar el plan conocido del Celta, pero lo peor es que el conjunto vigués no se reconoció a sí mismo. Coleccionó errores no forzados en el pase, cayó en la presión del Deportivo con reiteración y fue incapaz de diseñar un plan B para superar las líneas blanquiazules. Tal mal se dieron los acontecimientos en clave celeste, que los vigueses ni aprovecharon un penalti nada más marcar los coruñeses.
El lance sucedió después de que la evidencia confirmase que los males defensivos no están corregidos. Porque el gol del Deportivo llegó por una sucesión de errores que acabó aprovechando Lucas Pérez, el ganador del duelo de artilleros gallegos, ya que Iago Aspas sigue sobrepasado por los derbis. En una contienda para olvidar, el Celta fue incapaz de crear una sola ocasión real de peligro pese a monopolizar el balón en el segundo tiempo. Una buena medida de la miopía del día.
La segunda derrota consecutiva de los célticos confirma la maldición de noviembre, el mes en donde se cayó el equipo la temporada pasada. Por el momento Berizzo y los suyos se han ganado un voto de confianza para pensar que la situación no es la misma, pero no por lo visto ayer en Riazor, sino por lo acumulado con anterioridad.