Adiós a una bestia entrañable

Pablo Gómez Cundíns
pablo gómez A CORUÑA / LA VOZ

DEPORTES

Fallece de un infarto a los 40 años la superestrella del rugbi Jonah Lomu, con síndrome nefrótico desde el 1995

19 nov 2015 . Actualizado a las 16:07 h.

El mito ya había nacido mucho antes de que hubiese muerto el hombre. Bastaron apenas veinte años en una vida de solo cuarenta para poner patas arriba un deporte que se practica desde 1823. Un suspiro. Jonah Tali Lomu (Auckland, 1975-2015), el primer jugador de rugbi universalmente conocido y personaje clave para entender esta manera de vivir vinculada a un balón ovalado, falleció ayer a consecuencia de un infarto. Luchó desde 1995 contra un síndrome nefrótico, grave dolencia renal que exigió incluso un trasplante de riñón.

En el partido de su vida, Lomu porfiaba por esquivar la inevitable confrontación. Hijo de samoanos que huyeron de las pruebas nucleares francesas en el Pacífico, creció como ayudante de un carnicero en un barrio marginal de Auckland donde su tío fue decapitado y trinchado, y su primo murió desangrado por apuñalamiento en la puerta del hogar familiar. Todos se parapetaban tras Jonah.

El liceo metodista Wesley College fue su burbuja e hizo de él un jugador de baloncesto. Hasta que el director le reclutó para el rugbi, decisión a la altura de la tomada por Webb Ellis siglo y medio antes para cambiar la historia del deporte para siempre.

Hasta entonces, la posición de ala era ocupada por jugadores ágiles, veloces, ligeros. Lomu medía 196 centímetros de estatura, pesaba 120 kilos y recorría los cien metros en 10,8 segundos. Jugó para equipos de Auckland, Waikato, Wellington, North Shore City, Cardiff y Marsella. También para los Barbarians. Nunca antes nadie había progresado de tal manera. En apenas tres años logró la internacionalidad. Aún es el All Black que más ensayos firmó en la historia y tiene el récord de 15 en mundiales.

Mucho más que un palmarés

El luto se esparce hasta el último confín de la tierra por un jugador que ha trascendido su palmarés. No ha podido ganar un Mundial, pero ha contribuido a la grandeza de esa cita con un ensayo en 1995 (la Copa de Mandela) contra Inglaterra en el que pasó literalmente por encima del británico Mike Catt tras esquivar a un par de rivales y que algunos consideran el mejor try de la historia.

Ese es el poso que deja el embajador de Unicef, hombre clave por su empatía para lograr que el rugbi fuese incluido en el programa olímpico de los Juegos de Rio del próximo año, el protagonista de los primeros anuncios y del primer videojuego de rugbi .

La internacional española y jugadora del CRAT coruñés Berta García corrobora el entrañable carácter del gigante neozelandés: «Coincidí con él en unas Series Mundiales en Dubai y en una de mis primeras concentraciones con la selección española, tuve que hacer una novatada, en la que tenía que decir «¡Por Jonah Lomu!». Y allí estaba él, todo amabilidad».

Para las internacionales neozelandesas y campeonas de la División de Honor con el CRAT, Shaan Waru y Maia Tua-Davidson, Lomu será eterno. «Es un héroe planetario, puso a los All Blacks en el mapa. Una leyenda verdadera», dice Shaan. «Un gigante del deporte. Tan humilde que siempre recordaba sus orígenes. Quizás no era perfecto, pero era generoso y dadivoso. Le echaremos de menos. Nadie volverá a hacer por el rugbi lo que él hizo».

Todos recuerdan la última haka de Lomu en Covent Garden. Esa ancestral danza prolegómeno de los partidos de los All Blacks: «Ka mate ka mate, ka ora ka ora (Moriré moriré, viviré viviré)».