La pista búlgara de Iván Salgado

El ajedrecista busca en Sofía un puesto entre los cien mejores del mundo


ourense / la voz

Un ourensano al pie de los Balcanes. A sus 24 años, Iván Salgado evolucionó desde niño prodigio del ajedrez nacional a protagonista del triunvirato más brillante del panorama español, junto a Paco Vallejo y David Antón. Esa ambición de seguir creciendo en medio de los tableros más competitivos fue la que lo llevó a Bulgaria.

«Me mudé porque allí vivía mi amigo Ivan Cheparinov y tenía ganas de entrenar con un jugador muy fuerte casi a diario, algo que en mi país no podía hacer. Llegué a un nivel en el que vivir en España no era necesario, es más, me frenaba. No hay torneos fuertes y no tengo patrocinios para pagarme un buen entrenador. Había que cambiar de aires si quería seguir progresando y fue la mejor idea que encontré a mi alcance», reflexiona el gran maestro con toda naturalidad.

A partir de ahí, arranca una aventura en la que Salgado López cuenta con una baza de la que pocos pueden alardear, porque desde pequeño se ha acostumbrado a separarse de los suyos en busca de sus propios desafíos. Él mismo se define como una «persona de mundo», que no tardó en adaptarse a su nueva vida en la ciudad de Sofía, donde además dispone de todo lo que necesitaba para acentuar su progresión frente a los 64 escaques del cuadrilátero bicolor.

Y es que el mencionado Cheparinov es todo un top cien mundial, que en distintas ocasiones fue analista cualificado del actual número dos del escalafón internacional, Veselin Topalov. En ese círculo también ha entrado el ourensano, como él mismo reconoce: «Trabajé con él hace cinco años en China, durante un torneo. Ha pasado varias veces por Bulgaria y nos hemos visto. Nos llevamos bien».

Iván siempre tuvo las ideas claras. Cree que el trabajo marca más diferencias que el talento y ese es su empeño, el de optimizar su preparación al este de Europa, donde además estima que la localización geográfica es magnífica, ya que le permite moverse con vuelos directos a las principales ciudades del continente y a otros emplazamientos como los de Qatar, Dubai o Abu Dhabi, donde se organizan competiciones de altísimo nivel. Su valoración sobre los entrenamientos del último año y medio expresan satisfacción: «Generalmente sólo entrené con Cheparinov desde que estoy aquí. Ha sido un trabajo muy intenso, los torneos eran pensados con un año de antelación. Digamos que esta planificación sirvió para saber lo que puedo hacer mejor y lo que no puedo hacer tan bien. Cuando estás tanto tiempo con un jugador fuerte te das cuenta de cuales son tus talentos más naturales».

Otro paso adelante en el ritmo de vida del ajedrecista ourensano es el de los cuatro meses que ha dejado desiertos en su agenda de compromisos federados, hasta el próximo mayo. En casi un lustro será la primera vez que se mantenga tanto tiempo alejado de las partidas oficiales. Una oportunidad de regeneración en la que podrá realizar esas escapadas para entrenarse sin conexión con el bullicio, como hizo recientemente en un pequeño pueblo de Grecia en el que ni siquiera contó con acceso a Internet. «Quiero ver como se me da y si puedo conseguir un buen rendimiento en resultados cuando vuelva a jugar», resume como declaración de intenciones.

Con todo y pese a las exigencias del deporte ciencia, la vida de Salgado en Sofía no se diferencia demasiado de la de un joven de su edad, que incluso inició un blog a su llegada, tanto para fajarse con el alfabeto cirílico como para expresar con toda sinceridad sus impresiones al adentrarse en el nuevo entorno: «Mi idea era que me ayudara mucho con el búlgaro, lo que me animó dedicarle tiempo también a mis estudios universitarios en ese mismo idioma. Digamos que una cosa llevo a la otra y al final lo que dejé fue el blog». De todos modos, el hecho de pasar por la facultad lo llevó a integrarse a mayor velocidad, aunque a día de hoy admite ufano que ya no se siente como un extranjero.

«El sistema educativo español me limitaba»

Iván Salgado también destacó siempre por pisar con fuerza sobre la tierra y es consciente de que su formación académica es otra de las prioridades, por mucho que su apuesta por entrar en la élite del ajedrez mundial sea un objetivo real. Así fue que la alternativa que encontró en Bulgaria fuera una de las razones más poderosas para que se decidiera a afincarse en Sofía: «Porque puedo compaginar estudios y ajedrez, algo que en España me ha resultado imposible. El sistema educativo español me limitaba, simplemente no hacen nada por ayudar a los deportistas. No sé si porque no quieren o no saben como hacerlo. Y de estas dos no sé cuál es peor». En la actualidad, el ourensano asiste a clases en la NSA (National Sport Academy), de la capital búlgara: «Estudio algo muy parecido a INEF en España, aquí se llama entrenador deportivo y, en mi caso, en la especialidad de ajedrez. La idea es que en esta Universidad tienen un plan especial para deportistas. Te concentran todas las clases en un mes y luego solo tienes que hacer los exámenes».

Se declara muy satisfecho con la experiencia e incluso otea el futuro con mirada emprendedora: «Cuando termine, espero realizar en la misma academia un máster en psicología deportiva, algo que siempre me ha apasionado, desde que comencé a estudiar en España».

El fútbol sigue siendo otra de sus grandes aficiones y lo practica siempre que puede, hasta el punto de que fue una de sus vías para conocer a nuevos amigos desde su llegada al país. Una nación en la que se siente ya como en casa, mientras disfruta de paisajes naturales como el Vrachanskia Balkan, la montaña más larga de Bulgaria: «El parecido con Galicia es impresionante». Tan lejos y tan cerca, que diría este ourensano internacional, decidido a acceder a un top cien del ajedrez universal que ya alcanzó en las partidas rápidas.

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