El Rocky de Marín

Xosé R. Castro FONDO NORTE

DEPORTES

«El Rocky gallego vive en Marín», titulaba el suplemento dominical de La Voz en el 2007. El Stallone -en aquel entonces Sylvester le volvía a dar vida al mítico boxeador con 60 años de edad- de este lado del Atlántico no podía ser otro que Manuel Rosales, el atleta eterno del pedestrismo gallego. Entonces tenía 71 años y entrenaba todos los días. Pero sus pensamientos eran los mismos.

Porque el deporte ha sido el camino que Rosales ha elegido para consumir años. Llegó al atletismo tarde, a los cuarenta, pero nunca le dejó. Le atraparon los éxitos y las medallas, pero sobre todo los beneficios de una disciplina que tardó en explorar y que terminó por convertirse en una filosofía de vida. Tanto, que ha convertido un axioma en un clásico: «Para ser feliz hay que saber sufrir». Un atletismo que, además, le ha servido para conocer su cuerpo en el momento más importante de su vida. Por eso no tuvo que esperar al dictamen de la OMS para restringir de un modo radical sus comidas a base de carne (asegura que como mucho diez al año).

Filosofía y alimentación lo han convertido en todo un personaje en la fauna del atletismo en Galicia. Rosales es un clásico en la mayoría de las populares, pero sobre todo de las grandes citas y en las grandes distancias. En su día comentó que tenía tantos proyectos en mente que no sabría si tendría tiempo a cumplirlos. Esa pregunta sigue en el aire, pero no la dimensión de un atleta con mayúsculas.