Gómez Noya afronta hoy la carrera decisiva para lograr su quinto Mundial, más que nadie en la historia
19 sep 2015 . Actualizado a las 19:55 h.Después de varios días con el tiempo revuelto -hasta tal punto que el recorrido de algunas pruebas en categorías menores se vio alterado por el estallido de varias tormentas- está previsto que hoy vuelva a salir el sol en Chicago, el escenario de la Grand Final de las Series Mundiales de triatlón (00.00 horas, TVG2) y donde Javier Gómez Noya (Basilea, 1983) buscará algo inédito en la historia del deporte de las tres disciplinas: coronarse por quinta vez. El ferrolano trata de pisar terreno inédito, despegarse de Simon Lessing, el único que comparte con él el privilegio de recibir los honores de un tetracampeón. Desde su atalaya, el horizonte se ve despejado. Es una lucha contra sí mismo, una batalla frente al tiempo y el hastío de ganar. Por el momento, sus ganas de perdurar parecen inagotables.
Esta noche ni siquiera precisa realizar una de esas exhibiciones mayúsculas que en tantas ocasiones ha dejado sobre el asfalto desde que en el 2002 entrase en contacto con la élite del triatlón. Seguía entonces la estela de Iván Raña, campeón del mundo en Cancún aquel mismo año. Un pionero en el derroche de nadar, pedalear y correr. A Gómez Noya, el prodigio de la regularidad, hoy le basta con hacer lo que mejor sabe hacer: subirse al podio. Da lo mismo lo que hagan sus rivales -Mario Mola y Vincent Luis son los que más opciones tienen de pelear por el título-, si entra en el cajón, la partida volverá a caer de su lado.
Pero si el vigente campeón del mundo se ha instalado en la cumbre del triatlón no es precisamente gracias a un espíritu conservador. Jamás ha escatimado una gota de sudor. Y ya ha advertido de que en Chicago solo concibe un modo de afrontar este desafío superlativo, salir a muerte, competir por ser primero.
Y lo cierto es que Gómez Noya navega con el viento a favor. Conoce al dedillo el circuito por las proximidades del lago Michigan y cuenta con la ventaja de que sobre distancia olímpica (1.500 metros a nado, 40 kilómetros en bici y 10 finales a pie) no tiene quien le tosa. En condiciones normales, ni Mario Mola ni Vincent Luis están capacitados para aguantar el empuje del gallego, que se crece cuando los esfuerzos son prolongados y agónicos. La juventud de Mola y Luis les permite acorralar a Gómez Noya en distancia esprint, en trayectos cortos y explosivos, como el que posibilitó el triunfo del galo en Hamburgo.
Pero en un 10.000 la balanza se inclina hacia la persistencia de la medalla de plata en los Juegos de Londres. La marcheta que impone a partir del ecuador del trecho decisivo deja sin aliento a la mayoría. Solo Alistair Brownlee (hoy ausente) y su hermano Jonathan han sabido resistir con regularidad la mejor versión de Gómez Noya, que espera encontrar en el menor de los británicos un aliado para tirar hacia adelante después de la primera transición.
Ese sería el escenario ideal. Una natación rápida con un corte de una decena de corredores. Arriba Jonathan Brownlee, Vincent Luis, Ryan Bailie y Gómez Noya, como nombres ilustres del grupo de cabeza. Suficiente gasolina para dejar atrás a los que más sufren en el primer sector. Mola y Murray, a los que se les atragantan los 1.500 sobre el agua, se verían obligados a un desgaste sobresaliente para tratar de dar caza a Gómez Noya y compañía.
En el caso de que llegasen a contactar con ellos, se habrían dejado por el camino más de la mitad de sus reservas de energía. Por eso, el ferrolano va a tratar de que la carrera sea dura, sea rápida, sea agotadora. Bajo esos parámetros, solo un improbable mal día le podría apartar de destrozar la historia.