El fin del laberinto


Una de las estrategias habituales de las defensas en los casos de dopaje es tratar de desacreditar el método empleado, en este caso el pasaporte biológico. En este sentido, la de Marta Domínguez no ha sido una excepción: si el método se demostrase no fiable, no sería posible sancionar y por lo tanto la atleta sería a efectos legales y deportivos, inocente.

Sin embargo, a pesar del ahínco de los abogados de Marta, el pasaporte biológico está sustentado en evidencias científicas y ha sido reconocido y usado como instrumento válido por la comunidad internacional durante los últimos años. De hecho, es considerado a día de hoy como la mejor herramienta de la que se dispone para cazar a los tramposos. Ningún deportista que haya sido sancionado por este motivo ha conseguido la absolución.

Es verdad que el pasaporte se basa en estudios estadísticos individuales sobre valores sanguíneos y que tiene un margen de error, como así tratará de probar la defensa de Marta Domínguez con un informe del Doctor José María Peña. Sin embargo ese margen de error se reduce a la mínima expresión al ser tres expertos mundiales quienes, de manera independiente, identifican posibles valores anómalos con un positivo. La defensa de la senadora también presentará un informe del doctor Cristóbal Belda en el que apuntan a un hipotiroidismo subclínico para explicar los valores anómalos que pueden suponerle ahora una sanción de hasta 4 años.

Sin embargo, los valores sanguíneos de la palentina son, según la opinión de los expertos de la IAAF, consecuencia inequívoca de prácticas dopantes en momentos trascendentales de su carrera. Por ejemplo, entre el 5 y el 13 de agosto del 2009, justo unos días antes de proclamarse campeona del mundo de 3.000 obstáculos; o a finales de julio del 2010 cuando se colgó la plata en el Campeonato de Europa de Barcelona. ¿Alguien realmente cree que sus valores anómalos en fechas tan significativas -y además claramente compatibles con transfusiones sanguíneas- son producto de una enfermedad? Hay que ser muy ingenuo para considerar esa opción, máxime cuando hablamos de alguien cuyo nombre ha sonado, y mucho, en las tristemente famosas operaciones Puerto y Galgo y que fue presuntamente cliente del doctor Eufemiano Fuentes.

Personalmente, estoy seguro de que el TAS será implacable y terminará por sancionar a la atleta, haciendo por fin justicia en un caso que la palentina se ha empeñado en convertir en un laberinto judicial. Será nuevamente un organismo de fuera de España el que previsiblemente imponga la cordura y castigue a una deportista que hace bastante tiempo que debería haber sido sancionada. Un nuevo paso en pos de un deporte más limpio y creíble.

Jordan Santos-Concejero es Doctor en Fisiología del Ejercicio por la Universidad del País Vasco UPV/EHU

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