Un superhéroe

Alberto blanco EN ZONA

DEPORTES

Vaya por delante que no soy ni fan ni seguidor de Le Bron James. Pero también que sucumbo, como uno más, ante su privilegiado físico y su aniquilador carácter competitivo. Realmente, su ambición supera todos los límites a los cuales un deporte profesional te puede llevar. ¿Qué hay en esa cabeza? ¿Qué sucede en la mente de un jugador que asume con esta naturalidad el peso absoluto de un equipo NBA? Antes de las finales, James expuso claramente cual es su rol y el porqué de su regreso a Cleveland. El rey LeBron indicó que solo quería que «los chicos», así es como llama a sus compañeros de equipos, lo siguiesen. Basta. Nada más. Demoledora demostración de fe en sus posibilidades.

Y no hay duda que lo tenía clarísimo. Tras el 1-0 en casa de Golden State y la lesión de Irving pintaban bastos. Vamos, la cosa estaba muy negra. Y James decidió que había llegado el momento. Sus estadísticas asustan. Pero no es eso. Es lo que transmite en la cancha. Cómo indica el camino. Una lección de liderazgo sublime. Rascando horas de sueño, intento escudriñar en como maneja esa cabeza. Lo reconozco. Estoy asombrado. Veremos que sucede en los próximos días. Pero queda claro que James es mucho más que un físico extraordinario.