El domingo anotó un auténtico golazo para demostrar que está llegando a su mejor nivel
06 may 2015 . Actualizado a las 10:01 h.Cuando el dios del fútbol repartió fortuna entre sus aduladores, este dejó de último a Álvaro Lemos. El joven jugador santiagués de 22 años lleva una década saltando los obstáculos que le pone la vida. El último de ellos, una concatenación de lesiones de rodilla que a cualquiera le hubiera hundido en la más profunda de las depresiones. Pero Lemos sigue ahí. Luchando por su sueño. El domingo marcó con el Compostela uno de los golazos del año, demostrando de paso que su talento sigue intacto. Está deseoso de volver al fútbol profesional para constatar que él es un jugador de Primera.
No habían pasado ni treinta segundos del partido que le enfrentaba al gigantesco Real Oviedo, cuando Álvaro inició una de sus célebres galopadas por la banda derecha. Recibió un pelotazo largo desde campo contrario y lo recogió de primeras con un taconazo que no solo quebró la cintura de su par. También le permitió orientar el balón para su carrera. Lemos ganó la línea de fondo y disparó casi sin ángulo aprovechando que Esteban había dejado desguarnecido el primer palo. Golazo a un portero que estuvo muchos años en Primera División. «Sí, eso es cierto», afirma 48 horas después, con una sonrisa que refleja esa ternura que le hace adorable.
«Fue un gol importante a nivel personal porque es el primero que hago después de la lesión. El año pasado había hecho otro con el Fabril ante el Pontevedra, pero este es más especial. Por fin juego sin molestias. Llevo ya dos meses en los que la rodilla me está dejando jugar», reconoce.
El ojito derecho de Vázquez
El calvario de Álvaro Lemos comenzó en el verano del 2013, cuando parecía que se había ganado el corazón de Fernando Vázquez y un puesto en el primer equipo del Deportivo. En la campaña anterior, la primera como integrante de pleno derecho del Fabril, se había salido con una campaña brutal en Tercera División con 13 goles y 17 asistencias. Siendo la media naranja perfecta de Luis Fernández. «Sí, los Zipi y Zape», recuerda y vuelve a reírse.
Aquel día del mes de julio, en Monforte, su rodilla dijo basta y le obligó a parar durante siete larguísimos meses. Una rotura que le hundió anímicamente porque cuatro días después de operarse perdió a su abuelo. Una fecha dolorosa que también coincidía con el aniversario de la muerte de su hermano, otra de esas crueldades con las que le castigó el destino. A él es a quien le dedique todo lo que consiga de aquí a la eternidad.
Lemos se rehízo como pudo. «Me ayudaron mucho mi familia, mi novia y mis amigos. También me dio muchos ánimos la gente del fútbol», agradece. Volvió a jugar siete meses después, «pero las sensaciones no eran del todo buenas porque había otras dolencias asociadas». El pasado verano optó por irse cedido al Compos, «a casa», pero al poco de empezar la rodilla le obligó a parar. «Era un dolor diferente», recuerda. «Por eso me fui a Madrid. Allí me diagnosticaron que había un desgaste en el cartílago, y me están dando un tratamiento (dura cuatro meses) que funciona», ensalza. Su clínica salvadora es la de Joaquín Juan, fisioterapeuta que en su día trató a iconos del deporte mundial como Cristiano Ronaldo o Pau Gasol.
Lemos está firmando un gran final de temporada. Además de su golazo ante el Oviedo, lleva cuatro asistencias. «Se me va a hacer la corta. Ojalá empezara ya la siguiente», lamenta.
Su ilusión sigue intacta. «Jugar en el Dépor», aunque reconoce que «es difícil». Sería un sueño para él que los chicos de aquella generación del 93 (Insua, Uxío, Queijeiro, Luis Fernández...) volvieran a juntarse algún día en el primer equipo. «Somos grandes amigos y... ¡Ojalá!».
Por lo de pronto, Alvarito ya vuelve a disfrutar con el fútbol.