Serio, responsable, familiar, tranquilo y trabajador, Juanlu Alonso, el todavía entrenador del Burela-Pescados Rubén, transmite su filosofía de vida al banquillo. Durante el tiempo que ha pasado en A Mariña ha demostrado con creces que no es necesario desgañitarse ni faltarle al respeto a nadie, sea amigo o rival, para lograr un equipo unido, que en ocasiones sea capaz de suplir carencias con grandes dosis de garra y compañerismo, pero también de humildad. Tuve la fortuna de presenciar en Ciudad Real los dos partidos que disputó en la Copa de España, el momento culmen de la temporada actual. El primero, contra el Inter Movistar, fue épico, inolvidable. Pero el segundo, contra el Jaén, no se quedó atrás pese al resultado final. Durante los cuarenta minutos los jugadores lo dieron todo sobre el parqué, del primero al último. Su calidad y su coraje son indiscutibles, pero también lo es el hecho de que detrás de ellos estuvo guiándolos de una manera casi invisible la batuta mágica de Juanlu. Sufrió, rió y se emocionó como el que más, y al final de todo, no le dolieron prendas en repartir elogios: a los suyos y a los contrarios. «En el futuro recordaremos el subidón del jueves, no este revés», destacó tras caer ante el Jaén. Todo un ejemplo en este mundo perverso. Mucha suerte Juanlu.