La vuelta a empezar de Sofía Toro

Tras pasarse al 470, peleará por estar en Río, pero Tokio es su objetivo principal


Redacción / La Voz

«Cuando acabaron los Juegos [Londres 2012] y supimos que nuestra clase desaparecería del programa olímpico para Río ya me di cuenta de que nos costaría volver a empezar». Poco después de tener colgada en el cuello la medalla de oro, con su resplandor todavía impregnado en la cara, Sofía Toro Prieto-Puga (A Coruña, 1990) fue consciente de que el viaje de los siguientes cuatro años iba a estar repleto de dificultades y de apasionantes desafíos. «Pasábamos de ser una tripulación de referencia a cada una buscar acomodo en otras clases en las que hay algunos equipos que llevan navegando juntos más de diez años», comenta la regatista del Real Club Naútico de La Coruña, quien junto a su compañera, Laura Sarasola, compitió el fin de semana pasado en el trofeo Princesa Sofía, una de las pruebas más prestigiosas del calendario internacional de vela y donde acabó en la cuadragésimo tercera posición.

En el momento en que desapareció la clase Elliot que se disputaba en la modalidad de match race -barco contra barco- y aquella alineación mágica que formaba con la pontevedresa Támara Echegoyen y la gijonesa Ángela Pumariega se disolvió, Sofía Toro optó por la clase 470 y pasó de golpe de ser una tripulante con un notable valor, una pieza indispensable para el éxito, a ponerse a la caña de un proyecto nuevo. «Aunque en el tema táctico hablaba mucho con Támara a la hora de decantarnos por una opción u otra, aquí soy la que toma la responsabilidad de cada paso que damos», recalca. «Una de las cosas que más me costó es acostumbrarme otra vez a regatear en flotas de cincuenta o sesenta barcos. Fue como partir de cero. Pero todo esto me ha servido para crecer, para ser, sin duda, mucho mejor regatista», explica.

Rápidos progresos

Pero después de estas complicaciones y de cambiar de compañera -arrancó el proyecto con la viguesa Patricia Suárez a bordo-, el equipo comenzó a finales del año pasado su progresión. «Es cierto que estábamos muy abajo en la primeras regatas, pero era normal. Yo nunca había navegado en un barco de equipo, siempre lo había hecho en clases individuales y necesitaba un tiempo de aprendizaje para hacer de tripulante, para amoldarme a las necesidades de este cometido», subraya Laura Sarasola.

Además de este rodaje natural que fueron adquiriendo con el paso del tiempo, añadieron un catalizador al proyecto, se incorporó el hermano de Sofía, Jano, como entrenador. «Es una figura muy importante en todos los equipos y hasta finales del año pasado no tuvimos opción de que viajase con nosotros, porque económicamente es un gasto elevado», destaca Sofía Toro. En la Christmas Race de Palamós, en diciembre del año pasado, llegan los primeros progresos. «Empezamos a sentir que ya estábamos reduciendo la diferencia con las primeras, y aunque cometíamos errores, las sensaciones eran cada vez mejores. Fue un salto de gigante», indica.

«Me sorprendió lo metódica que es Sofía en el mar»

«Después nos fuimos a entrenar a Cádiz una semana antes de la Semana Olímpica Andaluza, donde había tripulaciones de nivel y pudimos comprobar que iban a más», recalca Jano Toro. «Las veía mucho más fluidas en las maniobras. Laura [Sarasola] empezaba a coger los movimientos y seguía habiendo muchas cosas que pulir, pero ya estaban acoplándose», recalca el entrenador. Hicieron un meritorio tercer puesto, al que sumaron un décimo segundo hace apenas dos semanas en el Training Camps Trophy de Palma, la antesala del Princesa Sofía. «Cometen algunos errores de bulto cuando les toca liderar la flota, pero son extremadamente hábiles cuando llegan en finales apretados con dos o tres barcos. Toman buenas decisiones y de forma muy rápida. En este sentido, a Sofía se le nota la preparación que tuvo para el match race», recalca.

«Cuando te pones en cabeza de la flota y de repente ves a un montón de barcos detrás de ti, no sabes muy bien a cuál marcar. En el match solo tenías que vigilar a uno. Pero es cuestión de hacer más y más regatas y, poco a poco, volver a adaptarme a esta forma de competir que es la que se ha impuesto en las clases olímpicas», señala la patrona, quien añade: «Nos vamos a vaciar para estar en Río, pero somos conscientes de que nuestra gran oportunidad será en Tokio. Las dos somos jóvenes y tenemos tiempo suficiente como para prepararnos adecuadamente».

El encargado de pulir ahora todos los detalles, de que aprieten el acelerador al máximo para conseguir viajar a Brasil, Jano Toro, confiesa que entrenar a su hermana le requiere un esfuerzo especial: «Siempre que existe una relación de tanta confianza es diferente. Necesito mentalizarme de que no estoy tratando con Sofía, sino con una alumna cualquiera de las que tengo en el Náutico y que tengo que corregirle los errores de la misma forma». Y reconoce que en este poco tiempo que lleva ayudando al equipo le han sorprendido algunas cosas de su hermana, como «lo metódica y ordenada que es en el mar». «Es, sin duda, una alumna muy aplicada», comenta el preparador.

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