El Celta vive al ritmo de los picos de forma de un extremo genial con el balón y con dotes para el gol
20 feb 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Nolito es el mascarón de proa del Celta. El factor desequilibrante de la tropa de Berizzo. Tiene regate, gol y arte.
El Celta lo recuperó para el fútbol después de que Jorge Jesús le colocase una cruz sobre sus espaldas en el Benfica y que en Granada no alcanzara su resurrección. Lo hizo en Vigo de la mano de su segundo padre deportivo. Si Luis Enrique le había cambiado los hábitos alimenticios en su etapa del Barcelona B, en el Celta apuntó directo a las neuronas. Le costó una vuelta adaptarse a Manuel en lo físico (llegó un punto fuera de forma) y en lo mental, pero con la llegada del 2014 explotó hasta convertirse en el jugador franquicia del equipo. Acabó la Liga pasada como máximo realizador (14 goles, su tope), firmando además tres dobletes consecutivos.
En su segundo año vestido de celeste no ha tenido que esperar a la segunda vuelta. Comenzó tan fino y tan enchufado que el Celta tuvo que renovarle a la carrera, subirle el sueldo y ampliarle la cláusula de rescisión a 18 millones de euros en plena pretemporada como parapeto a los cheques al portador que llegaban de los mares del norte.
Los picos de forma de Nolito han marcado los momentos álgidos del equipo esta temporada. El gaditano arrancó como una moto y el Celta se dio un paseo por la azotea continental de la Liga. Coincidió con su bautismo como internacional, pero tras el subidón llegó la cuesta abajo, que reprodujo de un modo milimétrico el colectivo.
El Celta necesitaba a Nolito y el gaditano ha regresado en la misma versión que en febrero pasado. La salida de la crisis coincide con el repunte del artista andaluz. Tres goles suyos suponen siete puntos para el zurrón celeste. «A mí siempre me gusta marcar, y si es un partido así, más», comentó ayer. A estas alturas lleva ocho. El máximo artillero vigués pese a jugar en banda.
Y sobre todo, Manuel está feliz y con la confianza por las nubes. Los nueve regates a la zaga colchonera de la última jornada lo atestiguan. Ni en su época del Barça B, con un equipazo detrás y con cero responsabilidades, se había atrevido a tanto.
La escuela de la calle
Nolito representa el triunfo del fútbol callejero. Un futbolista construido desde las estrecheces y la humildad, que ha coleccionado equipos desde sus días en el Atlético Sanluqueño hasta llegar a Vigo. Que se subió a la ola del fútbol cuando con el Écija le marcó un golazo copero al Real Madrid. De aquel entonces le queda el «Golito de Nolito» que cada semana corea Balaídos, pero también los consejos del hombre que le recuperó para el fútbol cuando estaba a punto de abandonar, Josep María Nogués. «Es un chico criado en la calle, que en ese sentido no tiene vergüenza y al que la presión no le puede en ningún momento», relata quien se quedó con la camiseta del debut de Nolito en el Camp Nou.
Un lustro después el gaditano se ha hecho mayor. Desde el desparpajo ha sido capaz de colgarse a un equipo a su espalda, manteniendo el uno contra uno como razón de su existencia ofensiva, pero aprendiendo, al mismo tiempo, que en la jungla de las marcas individuales también tiene su responsabilidad defensiva.
Al Dépor le ha marcado dos goles en otros tantos enfrentamientos (en el amistoso de Pasarón y en el derbi de Balaídos). Ahora le toca la reválida de Riazor, puede que su último clásico gallego, y quiere dejar huella. Porque el duelo del noroeste también es un escaparate para un descarado que aún no ha dicho la última palabra en el fútbol.