Dos partidos en uno: la capacidad de sufrimiento decidió


Lo anticipábamos en la previa: la igualdad de los finalistas y su similitud de estilos y características apuntaban a un partido muy competido. Tenían cualidades que indicaban que presenciaríamos un encuentro de gran nivel. El guion se cumplió durante los dos primeros sets y la mitad del tercero, justo cuando se cumplían tres horas de encuentro. Hasta ese momento, igualdad casi absoluta. Empate a un set y a tres juegos en el tercero. Djokovic se imponía en el tie break inicial y Murray lo hacía en el segundo. El partido, con constantes alternativas, era de un altísimo ritmo, con el consiguiente desgaste para ambos jugadores.

Murray tuvo ventaja en el desempate del primer set, pero con 4 a 2 hizo doble falta y perdió su oportunidad. Después de 72 minutos el serbio tomaba ventaja.

El segundo tuvo muchos cambios, con el escocés adelantándose 2-0 en un momento en el que el balcánico parecía tener problemas en un tobillo. Novak se recuperó y ganó los 4 juegos siguientes, momento en el que el partido se interrumpió por la salida de espontáneos a la pista. La interrupción frenó a Djokovic, que perdió los tres juegos siguientes y hubo de salvar una primera bola de set de su rival con 5-4. El escocés desaprovechó esta oportunidad pero no el desempate.

El comienzo del tercer set, pasadas las dos horas y media de lucha, no pudo empezar mejor para Murray, que rompía en el primer juego y se adelantaba 2-0, con Djokovic jadeando con claras muestras de fatiga. Pero las metamorfosis del serbio ya son conocidas. Bien avituallado de líquidos por su equipo, reaccionó e igualó a 2, provocando las primeras imágenes de desánimo de su rival. Andy se adelantó con su servicio por 3-2 y dispuso en el siguiente juego de una bola de break para 4-2, pero la desperdició y, sacando con 3-3, con el partido equilibrado en todo, el escocés cedió. Su lenguaje corporal volvió a ser como el de sus peores épocas, la concentración perdida, quejas continuas. La consecuencia: cede su servicio con una doble falta.

El partido se acabó en ese momento. A partir de entonces 8 juegos consecutivos y un paseo inesperado para Djokovic, también tocado por la dureza de la final, pero con la capacidad de sufrimiento necesaria para resistir superando las molestias físicas y el cansancio lógicos tras tres horas de máximo esfuerzo.

Ese es el mayor hándicap de Murray frente a Djokovic. El serbio le supera en esa importantísima faceta en este deporte, la fortaleza mental. También en la velocidad del segundo saque, que le da el doble de rendimiento en puntos ganados.

En mi opinión, para contrarrestar estas dos desventajas, el escocés tendría que haber realizado algunos cambios en su estrategia: jugar mas decididamente al ataque, aunque ello le supusiese tomar más riesgos; mayor porcentaje de primeros servicios, buscando más golpes ganadores, y aprovechar mejor los momentos bajos del rival. Fácil sobre el papel, enormemente complicado en la práctica, sobre todo porque enfrente estaba un Djokovic soberbio, en su mejor escenario.

Su quinta victoria en Melbourne le consolida como número 1 y le posibilita aspirar a obtener los 4 grandes este año. Deberá ganar donde nunca lo ha hecho, en Paris, en Roland Garros, el próximo grande.

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