En Grecia vinculan el cese del técnico del Olympiakos a la salida de su segundo
23 ene 2015 . Actualizado a las 12:55 h.Marzo del 2014. El Olympiakos afronta en Mánchester una cita histórica en la Liga de Campeones. Los del Pireo traen un 2-0 del partido de ida y se juegan ante el United el pase a cuartos de final. A la hora de plantear el duelo, el entrenador, Miguel González, Míchel, y su segundo, el exdeportivista Víctor Sánchez del Amo, no están de acuerdo. El primero quiere salir a tumba abierta y marcar un gol que zanje pronto la eliminatoria. El segundo opta por armar bien el equipo desde atrás para controlar el partido. Míchel impone su criterio, Old Trafford dicta sentencia y el Manchester gana 3-0 y se clasifica.
La segunda parte de esta historia, que acaba de revelar el periódico griego Sportit, continúa con las caras largas tras el partido y el deterioro de la relación entre discrepancias profesionales. Tras aguantar los dos el tipo hasta final de temporada, «el divorcio se consumó con la salida de Víctor». Esta ruptura supuso, según Sportit, el principio del fin de Míchel como entrenador del Olympiakos, destituido esta Navidad por los flojos resultados en la Liga y la eliminación en la primera ronda de la Champions League.
A comienzos de esta campaña, Víctor fue relevado por Rafael Alkorta en contra de la voluntad del club, que no quería prescindir de la experiencia como técnico del primero, en beneficio de un Alkorta recién llegado a los banquillos. Este se volcó en una labor psicológica con el grupo; sin embargo, se perdió el trabajo analítico y táctico de Sánchez del Amo». El rendimiento empezó a flaquear y el funcionamiento del equipo «era a veces un caos», sobre todo en defensa, refleja la crónica firmada por el periodista Lambros Balafas, que concluye que a Míchel no se lo comió su presidente, ni Christian Karembeu, el director deportivo, con quien también ha tenido sus más y sus menos. «Fue Víctor quien se lo merendó».
Dimitris Cristofidelis, del diario Elefthieroeupia, coincide en la labor táctica y en el control del vestuario que realizaba Víctor, que desaparecieron tras su marcha, pero agrega otro ingrediente a la destitución del entrenador, «sus dificultades para controlar un vestuario complejo, con muchas nacionalidades. «Míchel ha tenido problemas con Dumaz, Dossevi y Salino -afirma-, pero sobre todo con el holandés Afellay, que llegó esta temporada, cedido por el Barça». Y el exblanquiazul ya no estaba allí para «rebajar la tensión».
Ya destituido, Míchel habló en España sobre Afellay: «Es un rebelde, tiene alma de niño, su comportamiento ha sido un poco indisciplinado y el club estaba de acuerdo en que saliese en el mercado de invierno».
Las crisis con los jugadores, especialmente con los de más carácter, han sido una constante en los equipos dirigidos por el técnico madrileño. «En Sevilla le costó controlar el vestuario, donde había varios grupos, con Negredo liderando uno de ellos», recuerdan desde la edición sevillana del ABC, donde creen que «quizá Míchel no supo atajar a tiempo los problemas», como el que se le planteó con Diego López «cuando perdió la titularidad en favor de Palop».
Al técnico se le recuerdan otras sonoras enemistades, como la que mantiene con Pepe Mel desde tiempos inmemoriales o la que le enfrentó a Casquero cuando entrenaba al Getafe.