A Isco no le cuesta alzar la voz

antón bruquetas REDACCIÓN / LA VOZ

DEPORTES

En la fotografía, Isco realiza un elegante control durante el partido de clasificación contra Bielorrusia.
En la fotografía, Isco realiza un elegante control durante el partido de clasificación contra Bielorrusia. Marcelo del Pozo < / span>reuters< / span>

Ha aprovechado la lesión de Bale y el vacío en la selección para emerger como líder

17 nov 2014 . Actualizado a las 07:11 h.

El gol del sábado por la noche contra Bielorrusia se transformó en un compendio de lo que Francisco Isco Román Alarcón (Benalmádena, Málaga, 1992) es sobre un terreno de juego. Recogió un envío de Koke que había presionado la salida del rival en la frontal del área. Algo escorado hacia la izquierda, manoseó el cuero con la zurda, se lo llevó a la derecha y antes de que los defensas y el portero pudiesen pestañear el balón ya había limado la escuadra. Sin apenas esfuerzo, sin necesidad de arrancar una carrera desbocada, sin recurrir a un esprint de atleta... Isco levantó a la grada con naturalidad, de la misma forma en la que ha ido escalando a lo largo de su carrera. «Es uno de esos jugadores iluminados», resumía el capitán de la selección, Iker Casillas.

Esa magia, esa sencillez para resolver con brillantez las situaciones más complejas, cataliza el idilio que vive con la grada. Una relación pasional que se ha extendido desde el Real Madrid hasta sus partidos con España. El Colombino, sin ir más lejos, cayó rendido ante el latigazo de quien se postula como líder de la savia nueva para la actual campeona de Europa. Era su primer gran destello con la absoluta, pero suficiente para que haya sido señalado como el buque insignia de los futbolistas que deben recoger el testigo de Xabi Alonso, Xavi, Torres y compañía. Esos jugadores que están llamados a limpiar el desaguisado de un mal epílogo en Brasil y, si quiera, aproximarse a los éxitos de una generación irrepetible.

Poco después del encuentro ante Bielorrusia, Vicente del Bosque trató de diluir la euforia sobre la figura del malagueño. Prudente en la victoria y analítico en la derrota, el salmantino aseguró que Isco quizás se había enredado demasiado en «tratar de jugar fino». El centrocampista del Real Madrid recogió ayer el testigo y dijo que no va a cambiar: «Me gusta divertirme sobre el campo y ese es mi fútbol. A lo mejor pequé de querer hacerlo demasiado bonito, pero no lo pienso. Me sale de dentro. Me gusta jugar de esta manera y que la gente se divierta con ese juego». Unas palabras que demuestran la robusta personalidad de un chico de 22 años que crece a una velocidad de vértigo, que se atreve a desafiar al único entrenador que ha conquistado un Mundial con España y que no renuncia a ocupar el vacío de poder al frente de la selección. «Quiero seguir y alargar este momento. Intento trabajar y ganarme el día a día. Sé que es difícil para los entrenadores escoger entre tanta gente de nivel, pero trato de aprovechar cada minuto como si fuera el último», recalca el centrocampista.

Pero su principal freno para prorrogar este éxtasis está precisamente en el trabajo diario, en la desbordante competencia que lo presiona en el Real Madrid, donde Bale y James semejan un punto por encima del español en las preferencias de Ancelotti. Lo que no se le puede negar a Isco es que mientras el galés estuvo lesionado supo alzar la voz.