Las claves de un Federer eterno

El suizo volea sobre una colchoneta y exprime su genética privilegiada para intentar ganar el Masters con 33 años, lo nunca visto, tras 82 partidos en el 2014

Federer ya ganó seis veces el último campeonato de la temporada de la ATP.
Federer ya ganó seis veces el último campeonato de la temporada de la ATP.

REDACCIÓN / LA VOZ

Los años ochenta dieron al tenis un puñado de jugadores que convirtieron el cambio de siglo en un vaivén de ganadores. La clase de Nalbandian, el genio de Safin, la versatilidad de Ferrero, el toque de Coria, el servicio de Roddick y la frialdad de Davydenko animaron el inicio de la pasada década. Luego quedaron a la sombra de la tiranía de Roger Federer, y ahora comparten su condición de retirados, machacados casi en igual medida por las lesiones de un circuito que jubila antes que nunca a sus estrellas y la falta de motivación que nubla la voluntad llegada una edad. Todos menos el suizo, que el domingo puede coronarse en Londres campeón del torneo de maestros -ahora denominado ATP World Tour Finals- a los 33 años, lo nunca visto. Después de tres partidos en los que no cedió un set ni un servicio, y tras machacar por 6-0 y 6-1 a Murray, hoy juega ante Stan Wawrinka su duelo de semifinales (Teledeporte, 21.00), que también cruzan a Novak Djokovic con Kei Nishikori (15.00).

En la pista rápida y cubierta del O2 Arena afloran las condiciones de Federer, dotado para atacar desde el fondo, estilista para jugar en la red y ágil para intentar el saque-volea. Pero al disputarse tras toda una temporada, el evento, históricamente, ha castigado a los veteranos. Por eso nadie más que el suizo levantó la copa cumplida la treintena, como ya hizo hace tres temporadas.

El trabajo físico hoy se une al entrenamiento en pista. Por eso Federer, según explica su preparador, Pierre Paganini, se lleva el balón medicinal a la cancha, golpea lastrado por pesas o frenado por gomas y hasta volea subido a una pequeña cama elástica para aunar agilidad de apoyos y tacto en la mano. Diez horas de sueño diarias, diez en un padre de un par de mellizos, completan sus hábitos de descanso, otra clave.

Federer lleva 82 partidos en sus piernas este año. Genética y trabajo explican su perdurabilidad en una época en la que la evolución del juego, más rápido, con más torneos en superficies duras, han hecho aflorar lesiones antes no tan frecuentes, como las de cadera. «Decir que está dotado por la naturaleza sería como ver a un bailarín de ballet y admirar su belleza olvidando lo duro que trabajó para conseguirla», matiza Paganini sobre el equilibrio entre el valor innato y la profesionalidad de Federer.

La selección del calendario, tantas veces nombrada como una de sus armas, la contradicen los datos. Ya jugó este año cuatro torneos no obligatorios y tres eliminatorias de la Copa Davis, que aspira a besar el día 23 por primera vez en su vida. Y tras el torneo por países aún tiene previsto disputar la novedosa liga asiática de leyendas en India y el Partido por África de su fundación. Acumula 1.220 partidos, contando solo los de la ATP. Y no se pierde un grand slam, hasta 60 seguidos, desde agosto de 1999, otra prueba de su capacidad para prevenir lesiones.

Número uno

Con su triunfo ante Berdych por 6-2 y 6-2, Djokovic se garantiza el número uno a final de año.

Su preparador físico lamenta que sus condiciones innatas tapen su dedicación

Juega ante Wawrinka y Djokovic, ya seguro número uno a final de año, con Nishikori

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