De la lírica a la narrativa


La cita es de Vicente del Bosque, tres meses después de conquistar el Mundial de Sudáfrica: «No podemos recrearnos en lo conseguido porque el fútbol suele castigar a los que se creen muy buenos».

Lo cierto es que dos años más tarde España conquistó la Eurocopa 2012 disputada en Polonia y Ucrania. Y el técnico todavía intentó estirar en Brasil 2014 el ciclo más largo de un combinado nacional. Pero se rompió la cuerda, no porque se recreasen si no porque se agotó el manantial. Ahora le toca pilotar la nave en el intento de cambio.

No lo tendrá fácil, toda vez que muchos de los protagonistas que ya no están son irrepetibles y eso obligará, muy probablemente, a retocar el modelo. Nunca antes una selección había hecho de la posesión de balón un dogma de fe en ataque y en defensa en un grado tan absoluto. Aquel equipo acababa cortejando las victorias por insistencia o por seducción, o ambas cosas a la vez.

Es un cambio más profundo de lo que pudiera parecer, y en esas está Del Bosque, que sopesa pasar del falso nueve a jugar con dos nueves, pero sin dejar de juntar en la línea media a futbolistas más dotados para la arquitectura que para la piqueta. La selección del tiqui taca es historia. La que se verá el sábado ante Bielorrusia y el martes contra Alemania será ya otra historia. Menos zalamera, más matemática.

Esa es la grandeza del fútbol, que tanto se puede conquistar con un poema como con una ecuación. En esas vueltas anda Del Bosque, a sabiendas de que ya no basta con la lírica, que hay que hacer sitio a la narrativa.

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De la lírica a la narrativa