Bea Gómez, a un paso de la Blume

La mejor nadadora gallega de la historia dejaría el grupo de élite del Centro Galego de Tecnificación Deportiva de Pontevedra para abrir una nueva etapa en Madrid


redacción / La Voz

No es igual que otras veces en las que insinuó que se marcharía. Y si en esta ocasión no se concreta, es porque la dirección técnica de la Federación Española de Natación no acaba de ver con buenos ojos su traslado a Madrid y porque ella tampoco solicitó en plazo una beca para la residencia Joaquim Blume, ubicada en el Centro de Alto Rendimiento (CAR) de la capital y en la que se aloja un grupo reducido de deportistas llegados desde distintos puntos de España a los que se les trata de pulir sus sobresalientes habilidades naturales. Al contrario que en el pasado, la intención de Bea Gómez (Pontevedra, 1994), la mejor nadadora gallega de siempre, no responde únicamente a criterios deportivos, a la lucha que había comenzado con su anterior entrenador, el ferrolano Pepín Rivera, de disponer de más tiempo de una piscina de 50 metros (la del Centro Galego de Tecnificación Deportiva es de 25 y debe desplazarse a la de Montemuiños) en la que ejercitarse a diario. También obedece a la necesidad de quien fue olímpica en Londres 2012 de refrescarse, de huir de la rutina en la que se instaló desde hace seis años y en la que los largos sobre el agua y los esfuerzos en tierra siempre semejaban los mismos. Por eso, se ha lanzado a intentar abrir una nueva etapa lejos de casa.

Mientras se encuentra concentrada con el equipo nacional en Palma de Mallorca, de donde regresará este fin de semana, su futuro se decide en la trastienda, en los despachos de la Federación. Pero, tal vez, en términos estrictamente deportivos, Madrid no sea su mejor destino. Para una mediofondista como ella, una vez que ha tomado la decisión de dejar Galicia, donde se edificó una estructura en torno a ella y a María Villas, parecería más apropiado el grupo de trabajo que rodea a Mireia Belmonte en el Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat del Vallés (Barcelona). Fred Vergnoux, el preparador francés que ha guiado a la catalana hasta la cima, ya ha trabajado con Bea Gómez y dispone de nadadores con similares característica que le ayudarían a continuar progresando, a explorar sus límites, esos que todos los técnicos que han visto a la pontevedresa aseguran que ni siquiera se ha aproximado a ellos, que su capacidad de crecimiento todavía es descomunal. Sin embargo, Bea está empeñada en que su próximo destino sea Madrid. Allí cree que se encontrará a gusto y para un deportista, el estado anímico es trascendental.

Si se llega a concretar su salida, Bea Gómez dejará el grupo de élite de la natación gallega, cuya génesis, que se remonta a hace un año, tiene mucho que ver con ella y con sus necesidades para incrementar su rendimiento en la competición. Bajo la dirección de Luisa Domínguez y Fernando Zarzosa, se construyó un armazón para tratar de exprimir el potencial de la nadadora pontevedresa y de su compañera en el equipo nacional, la ribeirense María Vilas. El objetivo era personalizar al máximo la atención sobre estos dos jóvenes talentos y que éstos funcionasen como faros para las próximas generaciones.

En el caso de Bea Gómez, la primera tarea se centró en que recuperase la motivación. Había quedado exhausta mentalmente después del pasado ciclo olímpico y del Mundial de Barcelona. Las primeras impresiones fueron esperanzadoras.

Un mordisco a las marcas

En el nacional de Castellón, llegaron los primeros resultados. Que se confirmaron en el Europeo de piscina corta de Dinamarca donde Bea Gómez pulverizó el récord gallego de 400 estilos en piscina corta tanto en las series de clasificación (4.34,74) como en la final (4.31,65) donde acabó en la quinta posición, a un palmo del podio continental. Durante este año, entre otras cosas, batió el récord más antiguo de la natación gallega, el de los 200 espalda que estaba en posesión de Carmen Marchena desde 1990 (2.17,00) y que fijó en 2.14,86 y también quedó Campeona de España en los 200 estilo. En el Europeo de Berlín, en cambio, las cosas no terminaron de funcionar. Ahora busca reinventarse, y lejos de Galicia.

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