Ibaka, la historia de un guerrero

Manuel Blanco Casal
manuel blanco MADRID / ENVIADO ESPECIAL

DEPORTES

El pívot de España, hijo de dos baloncestistas y el mayor de 22 hermanos, superó penurias y una guerra civil en el Congo hasta convertirse en una estrella

09 sep 2014 . Actualizado a las 17:35 h.

Tiene un físico de laboratorio. Alto, fuerte, coordinado... Parece la obra maestra de una de esas universidades americanas que forjan superatletas. Y nada más lejos de la realidad. Serge Ibaka (Brazzaville, 1989) es un guerrero en la pista porque antes lo fue en la vida. Su integración en la España de los Gasol y compañía es absoluta. Su entrega sobre el parqué y su innata capacidad para el espectáculo lo han convertido en uno de los favoritos de la afición española.

El pívot de los Oklahoma Thunder vive hoy días de vino y rosas. Éxito, fama, dinero... Pero no siempre fue así. Ni mucho menos. El camino hasta llegar a donde está fue duro. Muy duro. Criarse en la capital de la República del Congo en los años noventa era garantía de penurias. A la pobreza y alta mortalidad que sacudían el país le sobrevino una guerra civil que desangró la nación y obligó a la familia Ibaka a emigrar. Un escenario tormentoso.

En esas condiciones, el sueño de Serge era casi una utopía: llegar a ser alguien en el mundo del baloncesto. El deseo le venía de sus padres, ambos jugadores internacionales; él, Desireé, con el Congo, y ella, Amadou Djonja, con la República Democrática.