La carga de ser Rory McIlroy

El jugador del momento se sacude los elogios que lo sitúan como un deportista para marcar época y afronta tranquilo el Campeonato de la PGA


Redacción / La Voz

El Campeonato de la PGA, el último de los grandes, comienza hoy con tantas historias paralelas que gana interés. Tiger Woods no confirmó su presencia en el Valhalla Country Club de Louisville hasta ayer por la tarde, quizá inseguro por sus molestias de espalda, quizá jugando con la capacidad intimidatoria de su llegada al final. Cuatro jugadores optan al trono del golf que ahora luce el jugador de moda, Rory McIlroy, quien trata de sacurise la carga de que lo señalen como un elegido. Y los norteamericanos luchan por los últimos puntos para clasificarse para la Ryder Cup de septiembre de Gleneagles (Escocia), porque el proceso para optar al equipo europeo durará unas semanas más. El torneo se juega con un palo en las manos y la calculadora en la bolsa, de tantos premios paralelos que hay en cuestión (Golf +, 19.00).

El Campeonato de la PGA vuelve a Valhalla, donde ya se había jugado en el 2000. Eran otros tiempos, la era de Tiger Woods, y, claro, ganó a su manera, liderando el torneo desde el primer día -empatado el jueves con Scott Dunlap- y tras superar en el desempate a Bob May. Fue la tercera parada del Tiger Slam, su versión del Grand Slam original, al encadenar tres grandes en el 2000 -US Open, British y PGA- y el Masters del 2001, de forma consecutiva, aunque a caballo de dos años diferentes.

Tiger es hoy triste noticia por sus achaques -se retiró a mitad de vuelta de la última jornada del Bridgestone Invitational-, sus malos resultados -solo completó los 72 hoyos en dos de sus seis torneos del PGA de este año- y sus dudas. No se confirmó su participación hasta ayer, poco antes de que se presentase en Valhalla para su ronda de prácticas. El domingo se retiró en Akron (Ohio) sin dar pistas; el lunes pisó Louisville su cadi, Joe LaCava; y el martes aplazó su rueda de prensa y pidió que se ampliase el plazo para registrarse hasta poco antes de su debut hoy.

Ajeno al ruido a su alrededor

La era Tiger de la que se hablaba en el 2000 a cada paso que Woods daba por Valhalla se convirtió ahora en el tiempo de Rory McIlroy. Porque el norirlandés, con un juego portentoso, tiene ya tres grandes en la vitrina -uno de cada, solo le falta el Masters- a sus 25 años y acaba de encadenar las victorias en el Open Británico y el Bridgestone Invitational. Pero el único que evita hinchar más el globo del inicio de su reinado es el propio McIlroy. «A veces la gente saca conclusiones demasiado rápido», comenta. «No creo que se pueda hablar de una nueva era, solo estoy muy contento con mi golf y espero poder seguir dando la lata».

McIrloy evita escuchar todo el ruido que acompaña su carrera desde adolescente, amplificado ahora de nuevo tras su tercer grande. «No es fácil pero procuro no escuchar ni leer lo que se comenta sobre mí». Defiende el título del 2013 en Oak Hill (Nueva York) Jason Dufner, que no ganó un título desde entonces.

Sergio García es uno de los cuatro jugadores que pueden desbancar a McIlroy del liderato del ránking mundial. En Valhalla juegan otros cuatro españoles, Miguel Ángel Jiménez, Rafa Cabrera, Pablo Larrazábal y Gonzalo Fernández Castaño.

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